En espera del final
9 de Marzo de 2008


La actual dirigencia europea está enterrando la demanda al régimen cubano para que se comprometiera con la apertura democrática

El viernes, en la Casa Blanca, el presidente George W. Bush recibió a Miguel Sigler Amaya y Josefa López Peña, hermano y cuñada de Ariel y Guido Sigler Amaya, detenidos en Cuba desde 2003, año en el que fueron condenados, con otros 75 opositores, a veinte años de cárcel por el ¡delito! de opinar distinto a los dictámenes del régimen de Fidel Castro, resguardado con guante de hierro por su hermano Raúl, ungido sucesor. Ese mismo día, La Habana recibió a Louis Michel, comisario de la Unión Europea para asuntos humanitarios y desarrollo, que estará hasta hoy en su segunda visita a la Isla como funcionario de la UE y que entre sus planes no contempló reunirse con la disidencia, que sigue creciendo a pesar de la persecución a que ha sido sometida.

En declaración a los medios de comunicación en presencia de sus invitados, el presidente Bush habló de lo que ellos conocen porque lo han padecido: que con la llegada de Raúl Castro a la jefatura de Estado “todo lo que Cuba ha hecho es reemplazar a un dictador por otro”, razón más que suficiente para concluir que “Estados Unidos no necesita cambiar nada”, pues son ellos los que no aceptan dar un salto a la democracia y respetar las libertades. Para cuando eso ocurra, el Imperio pondrá en marcha el modelo de cooperación que en estos momentos está definiendo una comisión que presiden los secretarios de Estado Condoleezza Rice, modelo de diplomacia, y de comercio, Carlos Gutiérrez, nacido en Cuba y conocedor de sus particularidades y tragedias.

El comisario Louis Michel inició el viernes una visita de tres días a La Habana en la que tiene programadas reuniones con lo más rancio del Partido. Comenzó con un encuentro largo con el canciller Felipe Pérez Roque y avanza en reuniones con el presidente del Congreso, Ricardo Alarcón, y con la ministra de cooperación, Marta Lomas, aunque todavía no se sabe si lo recibirá el sucesor Raúl. Desde Bruselas, antes de partir, y ahora en Cuba, ha confirmado que su propósito es “contribuir a la normalización de las relaciones” lo que implica ceder ante el régimen comunista para levantar las sanciones económicas propuesta que cuenta con respaldo del presidente de la Comisión para el período 2004-2009, el portugués José Manuel Barroso, pero no de todos los miembros de la UE, que por razones humanitarias aceptaron suspender las medidas, pero que exigen mayor apertura para continuar la aproximación, en especial la libertad de los prisioneros políticos.

En su visita, el señor Michel no se reunirá con los disidentes, a pesar de que la Unión Europea les dio reconocimiento mundial en 2002, cuando concedió a Orlando Payá, uno de los símbolos del movimiento, el Premio Sajarov, su mayor distinción en Derechos Humanos. Con la decisión de ignorar hoy a quienes resaltó hace pocos años y de coquetear con los hermanos Castro, la actual dirigencia europea está enterrando la demanda al régimen cubano para que se comprometiera con la apertura democrática, que la obliga al respeto por las libertades ciudadanas y el pleno acatamiento a los compromisos con la protección de los derechos humanos, política que tuvo su mejor momento en 2002, cuando se fijaron sanciones económicas, y comenzó a retroceder en 2004, con su suspensión, la mayor concesión a una dictadura que en los últimos tiempos encontró como abogados insistentes al presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y su canciller, Miguel Ángel Moratinos, socios del comisionado en los coqueteos con los isleños.

El belga Louis Michel, es miembro del Partido Reformador Liberal, que lo llevó al Senado, al Ministerio de Relaciones Exteriores y a ser viceprimer ministro de su país, cargos en los que construyó una relación fluida con Cuba, país que visitó en 2004, cuando pasó al cargo que hoy detenta en la Comisión Europea, bajo el mando del exprimer ministro portugués Jose Manuel Barroso, miembro del Partido Socialista.

Una de las barreras más difíciles de remover para el pueblo cubano en su búsqueda de la liberación del régimen castrista es la tolerancia ingenua, cuando no la complacencia interesada, de algunos gobiernos europeos, con la dictadura comunista de la Isla, así se haya demostrado con suficiencia el ejercicio autoritario y casi criminal del gobierno, las violaciones a los principios democráticos y los abusos contra los derechos humanos. A pesar de que, como hace notar el presidente Bush, los países amigos del régimen cubano conforman “una lista bastante corta”, han conseguido ser alivios suficientes para dar respiración artificial a un moribundo y recortar el oxígeno a las nacientes organizaciones democráticas de la Isla.

El presidente Bush ha reiterado la posición que comparten los líderes democráticos del mundo, cuando señala que para transformar la penosa situación del pueblo cubano “Estados Unidos no necesita cambiar nada, el que necesita cambiar es Cuba”, que hasta ahora sigue insistiendo, con arrogancia que sólo se explica por su aislamiento, su condición de régimen comunista clásico. Esperamos que sólo sea el precio de no amargar los últimos días del patriarca.