El retiro de Fidel
20 de Febrero de 2008


La buena noticia para Colombia es que la sucesión total es en su hermano Raúl y no queda ninguna hijuela para el presidente Chávez.

A poco menos de un año de cumplir 50 de su regreso triunfal a Santiago de Cuba, rodeado del más entusiasta respaldo popular a la promesa de que, tras el derrocamiento de la sanguinaria tiranía de Fulgencio Batista, vendría la instauración de la democracia, el más veterano dictador de todos los tiempos se vio precisado a renunciar al poder que ejerció con mano de hierro y también, hay que reconocerlo, con una inteligencia, una sagacidad y una capacidad de liderazgo realmente excepcionales para atreverse a enfrentar, sin morir en el intento, al Imperio más poderoso de la historia. Ahí reside su grandeza, aunque la construcción del mito personal le haya costado a su pueblo medio siglo de privaciones y de aislamiento internacional.

En el mensaje que apareció ayer en el diario Granma y que de inmediato le dio la vuelta al mundo, el Comandante Fidel reconoció que su grave enfermedad, que lo obligó a renunciar provisionalmente a los cargos que ostentaba y a dejarlos en manos del “compañero” Raúl Castro, el 31 de julio de 2006, había llevado a pensar a muchos que su retiro era definitivo y eso para él era “una incómoda posición frente a un adversario que hizo todo lo imaginable por deshacerse de mí y en nada me agradaba complacerlo”, en referencia, claro está, al Imperialismo norteamericano y a su encarnación actual, el presidente Bush. Para el viejo dictador era muy difícil admitir que ya no estaba en condiciones de ejercer el poder omnímodo y desde entonces se trazó la tarea de preparar al pueblo “para mi ausencia, sicológica y políticamente... después de tantos años de lucha”. Y, aparentemente, la transición no pudo ser más tranquila y por eso ahora puede dar el paso que sólo él puede capitalizar: “A mis entrañables compatriotas, que me hicieron el inmenso honor de elegirme en días recientes como miembro del Parlamento, en cuyo seno se deben adoptar acuerdos importantes para el destino de nuestra Revolución, les comunico que no aspiraré ni aceptaré – repito: no aspiraré ni aceptaré – el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe”.

Para nosotros, esta es otra buena noticia para Colombia porque sólo hay un gran perdedor con este anuncio de Fidel Castro y es el comandante de la revolución bolivariana, el coronel-presidente Chávez. Probablemente habrá también perdedores en Cuba, pero eso carece de trascendencia más allá de la isla, porque se trataría de miembros de la alta burocracia del Estado que han sido segundos violines y que ya no estarían más porque es ampliamente conocido que el señor Raúl Castro no tiene las mejores relaciones con algunos de los más furibundos marxistas, pertenecientes a la vieja guardia guerrerista de Fidel, cuya desaparición jurídica y política del panorama representa un espacio que se presume lo van a llenar las personas de mayor confianza de Raúl porque, así sean hermanos, la diferencia no sólo de carácter y de talante sino de concepción de muchos aspectos de la vida cubana parece notoria y nosotros mismos nos hemos sorprendido de que así se esté percibiendo, por ejemplo, en Europa y aun en Estados Unidos.

Si se tomó en serio que hay diferencias importantes entre el barbudo dictador y su sucesor, quiere decir que la interpretación es que va a haber cambios de alguna importancia, especialmente para la relación del Estado cubano con el entorno internacional. Y decimos que para nosotros el gran perdedor es el señor Chávez porque, evidentemente, de lo que se trataba aquí es de quién iba a ser el heredero del legado político internacional de Castro, y toda la estrategia de Chávez estaba basada en que él lo iba a suceder, cosa que evidentemente era factible buscarla en el ámbito de los medios y de la opinión pública mundial si Castro moría siendo presidente. Y ello porque al interior de Cuba todo lo que sucedería tras la muerte del presidente Castro sería una discusión burocrática entre la rosca en el poder, pero en cambio, histórica, política e intelectualmente, en el entorno internacional el heredero sería Chávez. Y con esta renuncia, Fidel Castro irá desapareciendo gradual y prontamente del escenario mundial y lo que quedará claro es que el heredero total y absoluto, ya no sólo de la rosca interna, es decir, de los que mandan en Cuba, sino del patrimonio político, intelectual y burocrático es el señor Raúl Castro.

El vicepresidente Lage decía ayer que no cabía un alfiler desde el punto de vista ideológico entre las tesis de Fidel y las de Raúl Castro, lo cual confirma el aserto de que la sucesión total es en Raúl y que no queda ninguna hijuela para el presidente Chávez. En cambio, si Castro se muere en ejercicio jurídico de la Presidencia de Cuba, Chávez de seguro habría aprovechado desde el entierro de su gran tutor y maestro para presentarse de cara al mundo, con todo su poder económico y mediático, como el gran heredero ideológico y político y dispuesto a compartir apenas una pequeña parte de la herencia con el “hermano Raúl”. Ahora, con el giro que han dado los acontecimientos, el señor Chávez no tiene nada que hacer en Cuba en relación con el tema. Por eso nuestra interpretación es que ésta ha sido otra de las jugadas de buena voluntad de la Divina Providencia con Colombia porque nos ha librado de la posibilidad de que el amenazante vecino tuviera esa otra plataforma para atacarnos.

A la vuelta de pocos meses, y esto es que no sea a partir del domingo, cuando se elige formalmente a Raúl Castro como presidente del Consejo de Estado y comandante en jefe de la Revolución cubana, serán él y las personas de su entera confianza que conformen el gobierno de Cuba, los que impriman su propio estilo a la conducción del país, incluido el espinoso tema de las relaciones con el Imperio, el manejo de la situación de los cubanos en el exilio, los intereses comerciales con Europa y el resto del mundo y el retorno, más temprano que tarde, al seno de la Organización de Estados Americanos. ¡En buena hora!