Arranca en firme la “era Raúl”
4 de Marzo de 2009


Con esta actuación, Raúl Castro está dejando claro ante los cubanos y el mundo quién está verdaderamente al mando.

El presidente de Cuba, Raúl Castro, sorprendió a todo el mundo este lunes con un revolcón mayúsculo en el gabinete ministerial, que incluyó la aparente destitución de dos de los llamados “históricos” del régimen comunista, como eran el canciller, Felipe Pérez Roque, en el cargo desde hace diez años, y el secretario del comité ejecutivo del Consejo de Ministros, Carlos Lage, a quien se le atribuye la responsabilidad de conducir el proceso de reformas y apertura económica puesto en marcha por Fidel Castro en los años 90 del siglo pasado para paliar la crisis provocada por la desaparición de la Unión Soviética.

Pérez Roque, un ingeniero electrónico, fue designado Ministro de RREE por Fidel, en mayo de 1999, a la edad de 34 años, convirtiéndose en el miembro más joven del gabinete cubano en toda la historia de la revolución y el único nacido después del triunfo de los barbudos de Sierra Maestra. La relación de Pérez Roque con Fidel Castro se había estrechado en 1991, cuando se hizo miembro del Comité Central del PC y comienza a trabajar en el equipo de coordinación y apoyo del entonces presidente, al que acompañó en todos sus viajes, reuniones, cumbres y visitas oficiales. Tras la enfermedad del Comandante, Pérez Roque adquirió un protagonismo en el escenario internacional que llevó a que muchos comentaristas lo consideraran, junto a Lage, como primus inter pares en la dirigencia cubana.

Pérez Roque fue sustituido por el vicecanciller Bruno Rodríguez, y Lage, quien seguirá ocupando el cargo de vicepresidente del Consejo de Estado, fue reemplazado por el general José Amado Ricardo Guerra, con lo que se completan diez generales -incluido Raúl- en la cima del poder, en el Buró Político del Partido Comunista, el Consejo de Estado (máximo órgano Ejecutivo) y el Consejo de Ministros, al frente de sectores estratégicos de la economía, una característica de la “era Raúl” que los dirigentes del exilio consideran una acentuación del militarismo dentro del régimen, pero que resulta bastante lógica si se la mira como la inclinación de quien ha manejado durante medio siglo las FFAA a buscar allí a sus colaboradores de mayor confianza.

El remezón, que implicó cambios en once ministerios – entre ellos tres del área económica: Economía y Planificación, Finanzas y Precios, y Seguridad Social – y la fusión de cuatro en otras dos nuevas carteras, también se llevó de tajo a uno de los doce vicepresidentes del Consejo de Ministros, Otto Rivero, considerado otro de los “históricos” de la “era Fidel”. Las medidas fueron divulgadas mediante un comunicado, que leímos en el diario Gramma, en el cual, curiosamente, no se habla de destitución ni se hace cargo alguno a los defenestrados, sino que se usa el eufemismo “liberación” para referirse a ellos (“Liberar al compañero Felipe Pérez Roque de sus responsabilidades como Ministro de Relaciones Exteriores...”. Por toda explicación, el comunicado dice que la decisión “está en consonancia” con la idea lanzada el 24 de febrero de 2008 por Raúl Castro – al asumir en firme la jefatura del Estado – de reducir y reestructurar la administración. “Hoy se requiere una estructura más compacta y funcional, con menor número de organismos de la administración central del Estado y una mejor distribución de las funciones que cumplen”. Y concluye: “La institucionalidad es uno de los pilares de la invulnerabilidad de la Revolución en el terreno político, por lo que debemos trabajar en su constante perfeccionamiento. No creernos nunca que lo que hemos hecho es perfecto. En correspondencia con lo anterior, se convino en la necesidad de continuar estudiando la actual estructura del Gobierno con el objetivo de reducir gradualmente su envergadura y elevar su eficacia”. Eso quiere decir que vienen más cambios.

En nuestro editorial del 20 de febrero de 2008 “El retiro de Fidel”, concluíamos con esta premonición: “A la vuelta de pocos meses, y esto es que no sea a partir del domingo, cuando se elige formalmente a Raúl Castro como presidente del Consejo de Estado y comandante en jefe de la Revolución cubana, serán él y las personas de su entera confianza que conformen el gobierno de Cuba, los que impriman su propio estilo a la conducción del país, incluido el espinoso tema de las relaciones con el Imperio, el manejo de la situación de los cubanos en el exilio, los intereses comerciales con Europa y el resto del mundo y el retorno, más temprano que tarde, al seno de la Organización de Estados Americanos. ¡En buena hora!”

Los hechos nos están dando la razón, pues la drástica reorganización administrativa denota que la declinación de Fidel es definitiva y que Raúl, con esta actuación, está dejando claro ante los cubanos y el mundo quién está verdaderamente al mando y notificando que no está dispuesto a que subalternos cobren los méritos de la medidas aperturistas que, así sean tímidas, están mostrando una dinámica interesante en momentos en que también en EEUU se está debatiendo la idea de suavizar el embargo que Washington impuso a Cuba hace ya 45 años. Para Colombia, como el más genuino representante de la democracia de centro izquierda en América Latina, lo que está sucediendo en Cuba merece que lo recibamos con satisfacción porque nos hace más fácil el trato con esa importante nación, cuyo reingreso a la Comunidad Americana vemos cada vez más próximo.