Editorial

Los cambios en la lucha antidrogas
1 de Abril de 2014


Antes de que alguna autoridad estadounidense declare lo que los hechos van mostrando, el peri骴ico The Washington Post ha expedido informal certificado de defunci髇 a la lucha de los estados de la Uni髇 Americana contra los consumidores...

Antes de que alguna autoridad estadounidense declare lo que los hechos van mostrando, el influyente periódico The Washington Post ha expedido informal certificado de defunción a la lucha de los estados de la Unión Americana contra los consumidores de estupefacientes, campo de batalla interno en la cruenta guerra mundial contra las drogas, liderada por ese país desde los años setenta. La declaración no permite que, al menos por ahora, se pueda reconocer oficialmente que “la guerra contra las drogas ha terminado”, aunque sí es indicativo de que en el país se está pasando del dogmatismo a una visión “pragmática” que impone una modificación en la perspectiva sobre los adictos. 


La guerra mundial contra las drogas es una de las batallas más recientes de la humanidad. La Universidad de Stanford sitúa sus antecedentes en 1914, cuando fue aprobada la “Ley Harrison sobre narcóticos”, que restringió la producción y venta de marihuana, cocaína, heroína y morfina. Desde los años 50, aumentaron las penas por consumo de drogas y se extendieron las acciones federales para prevenirlo. En aquellos años, según una reciente investigación de esa institución, la propaganda oficial contribuyó a que ante la opinión se expandiera la imagen del adicto como un delincuente responsable de los peores crímenes y del deterioro de la vida en las ciudades, situación que hizo más difícil discutir alternativas distintas a la policiva en el manejo de las drogas. 


La chispa que comprometió a Estados Unidos en la batalla frontal contra las drogas que el presidente Richard Nixon declaró en junio de 1970 fue la creciente adición de los soldados estadounidenses en Vietnam. Desde aquella proclamación de que “el enemigo público número uno de Estados Unidos es el abuso de las drogas. Y para enfrentar este enemigo, es preciso declarar una guerra, una ofensiva con toda la capacidad”, los presos por consumir estupefacientes han crecido en forma exponencial. De acuerdo con el informe de The Washington Post, en los años ochenta los detenidos eran 41.000, hoy ascienden a 499.000. Tanta población ha preocupado a los académicos y activistas de organismos citados por el periódico, como el Pew Center, sobre la efectividad de la represión, y ha inquietado a los contribuyentes que cargan con su sostenimiento. Para el diario, la presión de los contribuyentes ha contribuido a que se instalen cambios ideológicos tendientes a que Estados Unidos renuncie a la guerra contra las drogas, dentro de sus fronteras. 


En el viraje, treinta estados, algunos de ellos como New Jersey bajo gobiernos del Partido Republicano, han aprobado leyes que el diario describe como de “Buen Samaritano”, en las que se acepta el tratamiento del adicto como enfermo que debe recibir ayuda especializada, y no el peso de la ley que hoy se le carga. Otros veinte estados, con California al frente, han reconocido, como ocurría en los años treinta, la utilidad medicinal de la marihuana, y han aceptado su prescripción curativa por los médicos. Más agresivos han sido los estados de Colorado y Washington, que están al frente de la liberalización del uso recreativo de la marihuana, alternativa que hoy se considera que podrían tomar cuatro otros estados, iniciando por Alaska, que la someterá a consideración de su Congreso el próximo mes de junio. En este proceso, el Gobierno Federal lidera propuestas como la del fiscal Eric Holder, para eliminar la pena de prisión para los adictos que no tengan cargos por violencia, y ha anunciado el análisis del tratamiento de los adictos como enfermos. Dado que conviven distintas posturas, la expectativa es por cuál de ellas será la que finalmente se consolide como política interna de Estados Unidos frente al uso de drogas.


Los cambios en la mirada de Estados Unidos sobre sus consumidores de drogas no anuncian, sin embargo, transformaciones en la política imperial que ha impuesto la mayor parte de la lucha contra el narcotráfico en los países productores y comercializadores, que reciben algún cofinanciamiento para sus batallas contra grandes organizaciones criminales que han florecido, según consideraciones de muy importantes analistas, gracias a la política de guerra contra las drogas. En la frontera sur, precisa The Washington Post, “los agentes federales todavía batallan contra los traficantes”, a los que todavía se considera necesario enviar a prisión a que purguen largas condenas. Por nuestra parte, consideramos que a la despenalización del consumo tendrá eventualmente que seguir la despenalización de la producción, siempre y cuando exista liderazgo y capacidad argumentativa entre la dirigencia de países productores como Colombia.