Editorial


Hacia el desarrollo sostenible global
5 de Enero de 2016


Desde el pasado primero de enero corren las horas hacia el 31 de diciembre de 2030, fecha l韒ite para que los gobiernos eval鷈n sus progresos particulares y los logros comunes en la conquista de los 17 prop髎itos de desarrollo sostenible acordados.

Desde el pasado primero de enero corren las horas hacia el 31 de diciembre de 2030, fecha límite para que los gobiernos evalúen sus progresos particulares y los logros comunes en la conquista de los 17 propósitos de desarrollo sostenible acordados en septiembre pasado por los representantes de 193 estados, incluido Colombia. Liderados por la ONU, los países se comprometieron a desplegar máximos esfuerzos para profundizar y consolidar los avances en desarrollo individual y social a la luz de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Dada la magnitud del acuerdo, es extraño que los medios de comunicación y los gobiernos hayan dejado pasar desapercibido el momento en que comenzó a correr el plazo de quince años para alcanzar tan ambiciosos sueños compartidos.


El paso que emprende la humanidad se afinca en la experiencia de trabajo por los ODM, tanto la de países que aprovecharon sus condiciones de paz, seguridad y prosperidad, para dar un salto, como de los afectados por dificultades, especialmente los conflictos, que limitaron sus avances, según reportes en que la dirección de Naciones Unidas reconoció que este primer gran esfuerzo a la vez global y nacional permitió comprender que “mediante intervenciones con objetivos definidos, estrategias sólidas, recursos apropiados y decisión política, los países más pobres pueden tener progresos substanciales y sin precedentes”, así como confirmar que “los conflictos siguen siendo la mayor amenaza para el desarrollo humano”. Los aprendizajes de la primera experiencia de gestión universal de tareas comunes señalan el camino a seguir, dan idea de cómo recorrerlo y exponen los riesgos en su tránsito.


Aunque de ellos se habló durante quince años, algunos agentes transformadores y muchas personas se quedaron sin conocer cuáles eran los ocho ODM y las metas para lograrlos. El reconocimiento de ese vacío es incentivo para construir una muy robusta estrategia pedagógica para ofrecer información, construir conocimiento compartido, generar la apropiación y formar convicciones alrededor de los ODS. Divulgar ayudas de memoria como las 5 P del desarrollo (Personas, Planeta, Prosperidad, Paz, Partnership/Colaboración) y promover su apropiación contribuye a que los ciudadanos se hagan parte y vigilantes del propósito. Sobre la base de la comprensión de los Objetivos y sus alcances, es viable impulsar consensos que trasciendan visiones ideológicas con raíces economicistas o políticas y trabajen por forjar el desarrollo como proyecto ético compartido. La formación de un ideal consensuado del desarrollo fundamenta, por su parte, las mejores posibilidades de vincular a las religiones consolidadas, las ONG y movimientos sociales, así como a los activistas en causas del bien común, al propósito de actuar sobre el mundo para hacerlo más habitable; la búsqueda del acuerdo de voluntades que hagan parte del consenso global.


En el balance de logros y dificultades de los ODM, Naciones Unidas y organismos como el Banco Mundial reconocieron que estos fueron alcanzados gracias a que algunas grandes naciones, como China, India y el conjunto de países latinoamericanos, aprovecharon el viento a su favor para generar cambios sociales profundos en sus naciones; sin embargo, algunas naciones de África Subsahariana y Asia quedaron alejadas de los resultados, mientras otras no alcanzaron ni a presentar estadísticas de sus cambios entre los años 2000 y 2015. Indicadores mesurables, rendición de cuentas por países y seguimiento permanente de la Secretaría General de la ONU, son acciones necesarias para que esta nueva etapa represente una oportunidad para que los pueblos con mayores dificultades y atraso puedan acercarse a las condiciones de desarrollo global. Cuando la indigencia persiste como situación que amenaza la vida de millones de personas, es necesario persistir en tender la mano del Estado, incluso en su faceta asistencialista, para que los más vulnerables puedan tomar las riendas de sus propias vidas; sin embargo, y como bien aclaró el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, el asistencialismo debe ser superado con acciones que procuren la autonomía y garanticen la libertad, pues fundamentar los logros “en gasto público asistencialista dificulta la sostenibilidad de los progresos, sobre todo cuando se vislumbran nubarrones por la caída de exportaciones de minerales y bienes primarios”.  Las metas han sido trazadas, conquistarlas impone a los pueblos y gobiernos caminar juntos construyendo las rutas que las hagan realidad cierta y duradera.