Servir a la democracia

Autor: David Roll Vélez
19 septiembre de 2019 - 12:02 AM

Los que más sirven son los más criticados, los políticos de profesión, porque se les considera unos oportunistas, y se presume que son corruptos casi sin distinción

Bogotá

David Roll Vélez

Recientemente un amigo que sirvió por décadas a una enorme corporación financiera en la que por poco muere por exceso de trabajo, me dijo que ahora se dedicaría a apoyar al Estado colombiano y a su democracia, aprovechando el prestigio que le dio su papel en ese mundo privado.

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Hace pocos días murió un familiar sacerdote quien por más de medio siglo sirvió a la institución más antigua del mundo, a la que dejó todos sus bienes además de haberle dado casi todos los días de su vida.

Un estudiante hace poco me preguntó qué opinaba yo sobre su intención de ser militante en un partido político, a pesar de todo lo que a estos les ha sucedido y un compañero suyo dijo que él haría lo mismo si lograba encontrar alguna ideología afín con él.

Conozco además a muchas personas que se dedicaron desde su juventud hasta su jubilación o fallecimiento a trabajar en la institución en la que yo estoy hace 20 años, la Universidad Nacional, y veo a casi todos los colegas más o menos con esa misma intención.

Ni los bancos, ni las iglesias, ni las universidades, ni los estados democráticos existen de verdad. Son ficciones mentales colectivamente aceptadas y legitimadas por documentos que insisten en esa falsa realidad.

Entonces, ¿para quién trabaja el empleado de un banco, el sacerdote, el militante de un partido o el profesor de universidad pública?

El primero para los accionistas, el segundo para Dios y sus creyentes practicantes y algunos beneficiados no creyentes, el tercero para los futuros elegidos y los que se beneficien con su buen hacer, y el profesor para los estudiantes mismos y los padres que les ceden ese aprendizaje, y para los que leen sus escritos.

Pero ¿quién dice que va a trabajar para mejorar una democracia, finalmente para quién trabaja? Podría pensarse que para el Estado o las ONG que le pagan, pero como todo eso son ficciones colectivas, en el fondo trabajan es para todos los colombianos. ¿Y quiénes son esos y cómo se mide el valor de su aporte a nosotros el conjunto de los ciudadanos?

Curiosamente los que más sirven son los más criticados, los políticos de profesión, porque se les considera unos oportunistas, y se presume que son corruptos casi sin distinción, más allá de simpatías personales o ideológicas.

En segundo término, estamos los funcionarios públicos, porque nos ven como a unos parásitos que nos aprovechamos de los impuestos porque supuestamente nos da miedo ir a buscar la platica en el “mundo real”.

En tercer lugar, están los que trabajan con ONG o movimientos sociales de todo tipo, a quienes se les ve sospechosos de toda clase de truculencias económicas o políticas.

Lo curioso es que sin estos tres tipos de trabajadores el Estado no pudiera funcionar. Sin políticos profesionales la institucionalidad se desmoronaría como al principio de la caída de Roma, y sin funcionarios públicos sencillamente la máquina de la democracia se detendría como si se fuera la luz.

Imagínense además que no hubiera cooperantes locales e internacionales tratando de hacer funcionar mejor a las instituciones democráticas o supliendo al Estado en su papel de cuidar de sus ciudadanos.

Y es que son útiles para la causa hasta los que escribimos sobre cómo mejorar el sistema, seamos o no politólogos o periodistas, sino también los que han logrado visibilidad en las redes sociales y usan ese poder para intentar fortalecer la institucionalidad.

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La mayoría de los ciudadanos considera que obedecer es suficiente, y que es lo mismo servir a una entidad privada, una iglesia o una entidad pública, porque las dos primeras también tienen proyección social de un modo u otro.

Pero no es así, entre más gente se ocute del Estado democrático a través del ejercicio directo de la política, el funcionariato público, o el apoyo desde fuera a ambos de manera responsable y eficiente, los efectos para el conjunto de la sociedad van a ser mucho mayores que en otras actividades y de un cubrimiento inmensamente más grande que en casi cualquier otra actividad.

 

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