La “antipandemia”

Autor: Lázaro Tobón Vallejo
3 abril de 2020 - 12:00 AM

“No importa qué tipo de dificultades tengamos, cómo de dolorosa sea la experiencia, si perdemos nuestra esperanza, ese es nuestro verdadero desastre.” Dalai Lama.

Medellín

En 1998 el actor Robin Williams protagonizó la película Patch Adams, basada en hechos de la vida real, del médico Hunter Doherty, (a. Patch Adams) de quién toma el nombre el largometraje.

Patch Adams, entra “veterano” a estudiar medicina y reta la ortodoxia y el rigor médico en relación con la atención a los pacientes, al incorporar la risa al proceso terapéutico y tratando al enfermo no como uno más del “bulto”, sino como ser humano. El Dr. Doherty funda el instituto Gesundheit en 1971, basado en la filosofía de la risoterapia como complemento terapéutico.

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En la presentación del Instituto, dice que es una “organización de salud sin ánimo de lucro, cuya misión es replantear y reclamar el concepto de ‘hospital’. Somos un modelo de atención médica integral basado en la creencia de que la salud de una persona no puede separarse de la salud de la familia, la comunidad, la sociedad y el mundo”. Es decir, la “antipandemia”. Además, en uno de sus seis principios expresan que los pacientes son tratados como amigos. (www.patchadams.org).

Traigo a colación el tema de Patch Adams, por la situación del covid-19, y como lo expresé en el artículo anterior, como sociedad debemos replantearnos, y uno de esos pilares de la transformación debe enfocarse en la relación que tienen las EPS con las IPS y estas con su personal, en especial con el asistencial en salud (médicos, enfermeras, paramédicos…) y estos con sus pacientes-amigos como los ve Patch Adams, con el fin de humanizar la práctica médica. El paciente-amigo, no puede ser considerado como un objeto de producción, maximización del beneficio y optimización del tiempo de atención, sino como seres humanos.

La relación médico–paciente en el consultorio, bajo los esquemas de atención actual, presenta el siguiente modelo: médico-computador-paciente, y en 15 minutos o máximo 20 despachan a la persona, con la receta y la tonelada de órdenes para exámenes de laboratorio, porque el área administrativa exige por indicadores que en ese lapso se debe atender una persona. Mejor dicho, sacar la producción, como sí el ser humano fuese una mercancía.

Los médicos de la vieja guardia expresaban que en la conversación con la persona se podía detectar parte del problema, el famoso ojo clínico, como esto se ha perdido, pasan cosas como le sucedió a una persona allegada, quién de un momento a otro le dio culebrilla en la cara, el médico de urgencias, le envío a practicarse una mamografía. Afortunadamente un médico joven en aquel entonces, cercano a la familia, pero con la formación de la vieja escuela, al oír por teléfono los síntomas recetó y logró mitigar el efecto de la culebrilla, porque corría el riesgo con el transcurso del tiempo de sufrir ella parálisis facial.

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Ante la situación actual, y el corre corre por la emergencia, el estrés que tienen el personal asistencial por el riesgo de ser contagiados, muchas veces impotentes frente a una persona que no tiene la capacidad de recuperarse y verle morir debe ser un escenario que pocos somos capaces de sobrellevar, y para ellos también, como sociedad, nos debemos poner en sus zapatos y no basta con batir palmas cada noche a las 8 para agradecerles, ese gigantesco equipo humano, necesitan, qué como sociedad, los sintamos como lo qué son, personas, siendo la relación humano-humano el compromiso a partir de hora en la relación dual médico-paciente, porque como lo expresa la Patch Adams, la salud del mundo inicia con la salud individual.

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Comentarios:

Edgar
Edgar
2020-04-03 11:22:39
Ni qué decir que Don Lázaro dice la gran verdad: al asistir a la cita semestral con mi médica de cabecera, me siento como un numerito, y en cuestión de veinte minutos estoy despachado, con el agravante de que, ya me pasó,en la última cita hace seis meses la doctora, ante un problema sospechoso de dermatitis en las manos, me mandó a untarme diariamente crema de manos; ahora estoy peor. Es como para no creer.

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