Como estudié Periodismo en EL MUNDO

Autor: David Roll Vélez
8 agosto de 2020 - 12:07 AM

Debo reconocerlo, sin inscribirme ni pagar matrícula,  asistí a una escuela de periodismo: el periódico EL MUNDO de Medellín

Bogotá

Con esta columna finalizo una larga colaboración con el periódico EL MUNDO de Medellín, por el cierre de esta querida publicación.

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Con Irene Gaviria y Luz María Tobón aprendí a hacer periodismo, a resumir en pocos caracteres lo que antes decía en libros extensos y cursos universitarios completos.

Debo reconocerlo, sin inscribirme ni pagar matrícula, asistí a una escuela de periodismo: el periódico EL MUNDO de Medellín. A nadar se aprende nadando y hacer pan en la panadería.

Es cierto que he sido enviado especial de otros medios en acontecimientos internacionales claves, como la entrega de Hong Kong a los chinos para la Revista Semana, o cubriendo el Brexit en Londres para El Tiempo.

Y también fue muy importante para mí la colaboración por años con la Revista Credencial, en la que escribí artículos de política a raíz de mis viajes a Sarajevo, Chipre, Etiopía, Malí, Birmania y muchos países latinoamericanos y europeos.

Además, colaboro habitualmente desde hace dos décadas con artículos para el periódico oficial de la Universidad Nacional de Colombia, en el que ahora soy columnista mensual.

Pero, realmente fue esa labor quincenal de la columna sobre las democracias en EL MUNDO desde 2011, con la que aprendí a comunicar el conocimiento aprendido a un público amplio.

Y sobre todo porque hubo muy buen ambiente y comprensión de las diferentes formas de trabajar de los columnistas, y adaptación a cada uno hasta donde se podía.

Nunca hubo intromisión en nuestros temas, y en el caso mío ni siquiera cuando en un asunto político muy delicado estuve totalmente en contra de lo expresado en la editorial.

Pero en esa “libertad de cátedra” también hubo consejos muy válidos, sugerencias casi siempre, que me sirvieron para perfilar mi estilo y hacerlo más comunicativo.

Siento que la inspiración pedagógica del periódico coincidió con mi percepción del papel de quien escribe, la acentuó y le dio legitimidad en un mundo en el que opinar se volvió para algunos sinónimos de insultar.

Justamente lo que más agradezco es que nos hayan permitido a los columnistas este espacio permanente de proyección de nuestras ideas, en esa línea más cercana a la alfabetización cultural que a la erudición retórica.

Y es que a los que la sociedad nos ha permitido dedicar toda la vida a estudiar, sentimos una necesidad imperiosa de transmitir a los otros el asombro intelectual que nos producen nuestras lecturas.

El filósofo Epicuro intentó darle importancia a ese placer por el conocimiento, señalando que sobrevive a su satisfacción, a diferencia de los más básicos: beber, comer, dormir o tener sexo.

Pero los seres humanos prefieren emociones fuertes, aunque estas se agoten en su ejercicio, como son, por ejemplo, la asistencia a eventos deportivos, los conciertos multitudinarios, y por supuesto la rumba propiamente dicha.

En ese pequeño espacio que se le deja al conocimiento como opción lúdica en la sociedad, intentamos expresarnos quienes nos hemos dedicado a estudiar y a escribir.

A veces algún libro nuestro tiene una cierta temporal visibilidad, o un artículo oportuno en un medio de gran difusión te hace héroe por unas horas, pero en general son pocos los que consiguen la atención de las multitudes.

Y es que, aunque es verdad que ansiamos transmitir la emoción por las palabras y por los conceptos, tener un pequeño espacio de atención del público es difícil, aun cuando no pretendamos vivir de ser escritores.

En verdad, quienes escribimos libros, artículos, y sobre todo columnas, hacemos disparos al aire, como decía León de Greiff en uno de sus poemas: “Yo, señor, soy acontista, mi profesión es hacer disparos al aire”.

Y les quiero contar a quienes no conocen este extraño deporte, realmente más parecido a la pesca que a la cacería, que siempre llegamos con una pieza a casa, y eso es posible sobre todo si se tiene el privilegio de ser columnista.

En efecto, cuando menos se piensa, alguien lo busca a uno para decirle que un libro propio o una columna por fin lo hizo entender algo complejo que antes no había podido descifrar. Y ahora me pasa con mis videos.

A mí me ha sucedido repetidamente con todos mis temas: la Ciencia Política, las Relaciones Internacionales, el Derecho Constitucional, el Proceso Político Colombiano, las Migraciones, la Globalización y los Viajes.

Y ahora con las redes, casi nunca falta alguien que te felicite por un artículo, una columna o un video en tu canal propio, aunque no contrates community manager y apenas sí tengas actividad en ellas.

Obviamente la atención del público se hizo muy difícil de obtener justamente por estas redes, y, además, el consumidor de contenidos tiene poco tiempo, es muy visual y quiere todo masticadito, además de gratis.

Por eso y porque hay que adaptarse a los cambios, decidí a comienzos de este año expresar mis ideas complementariamente a mis libros, artículos y columnas, a través de videos didácticos en You Tube: https://www.youtube.com/channel/UCCyToknz5_kuDmmI68Eiohg

Creo que fue también gracias a ese aprendizaje previo periodístico, con Irene y Luz María, y con todo el equipo, que pude desarrollar hace cuatro meses ese Canal de You Tube para ese propósito, que ha tenido buena recepción.

El canal se llama David Roll, y está dedicado a dos temas: Política y Derecho Constitucional para extraterrestres, o sea para todo el mundo; y Cómo Viajar desde Casa por 140 países, para animar a la gente en el confinamiento.

Con él he venido publicando un video diario, con ya casi 600 suscriptores y 15 mil visitas, a pesar de que no he podido invertir en recursos tecnológicos y ayudas profesionales.

Creo que tanto las columnas como los videos del canal para mi han resuelto un obstáculo que tenemos todos los que nos dedicamos a estudiar y queremos transmitir lo procesado, el cual es de tipo filosófico.

Y es que, tanto en el medio escrito como en el audiovisual, este problema filosófico de fondo es la dificultad de mostrar en pocos minutos a otros, algo complejo que uno ha descifrado estudiando mucho.

Es un reto porque, como lo descubrió el filósofo Emanuel Kant, el conocimiento se organiza en tu cabeza en compartimientos mentales organizados, y puedes transmitir el contenido, pero no el continente, que es la clave.

Y ahí es donde tanto las columnas como los videos cortos pueden obrar el milagro de transmitir lo complejo a casi cualquier persona, y por eso mis videos se llaman: para extraterrestres.

Esto se debe a que creo como Sócrates de que todo el mundo puede entender cualquier cosa si la explicas paso a paso, porque el conocimiento está al alcance de todo ser racional.

Por eso agradezco todos estos años en los que he podido ser columnista en EL MUNDO, porque me dieron la oportunidad cada dos semanas de publicar un cuento socrático sobre un tema específico y vital: las democracias.

Sin embargo, debo confesar que cuando recibí la invitación en el 2005 de tener mi propia columna, en principio, dudé en aceptar porque tengo la deformación profesional de investigador académico: no me gusta opinar.

Desde mis primeras lecturas de filosofía durante el bachillerato me había quedado clara la distinción griega entre Doxa (opinión) y Episteme (conocimiento), y decidí que no opinaría casi nunca de nada y lo he logrado.

De hecho, he fracasado varias veces en mis intentos de participar en la red Twitter, porque me es imposible dar conceptos a otros que no sean conclusiones derivadas de un estudio serio y sistemático.

Por eso fue por lo que con el equipo de EL MUNDO diseñamos una columna que no fuera de opinión, sino de exposición pedagógica de conocimientos, y en un tema en el que yo tuviera títulos, libros y fuera conferencista.

Desde el principio sabíamos que la democracia no es un tema atractivo para el lector común, pero como el Periódico quería educar ante todo, aceptaron mi propuesta.

Para más Inri, decidí bautizarla Democracias y Partidos, palabra esta última aún menos atractiva incluso que la democracia, en el mundo en general, pero sobre todo para el colombiano.

El otro gran reto era escribir, por sugerencia mía, única y exclusivamente sobre este tema, por la aversión que mencioné a opinar de temas varios y a hablar de cosas que no he estudiado bien.

Al final se hizo, y se puede decir que es la única columna periódica que existe, por lo menos en lengua española, exclusivamente sobre estos dos temas: democracias y partidos.

Le puede interesar: ¿Por qué aspiro a la Corte Constitucional?

Y lo más paradójico es que el experimento pudo mantenerse en el tiempo, pues pudimos desarrollarla quincenalmente y sin una sola pausa durante ocho años, sin cambiarle su enfoque pedagógico ni ampliarla a otros temas.

Gracias al Periódico EL MUNDO, a Don Guillermo y el equipo con el que empecé, a Irene Gaviria y Luz María Tobón sobre todo, y a los columnistas también, con varios de los cuales he forjado una amistad intelectual que espero se mantenga en el tiempo.

De las 170 entregas he seleccionado 100 de puro conocimiento politológico, que serán publicadas en 2021, junto con otros textos, en un libro que se llamará Democracia para Extraterrestres.

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