Asentado en la Comuna 9, este barrio es un referente natural
Cataluña, casi un paraíso
Autor: Alejandro Calle Cardona
19 de Enero de 2011


Sus jardines en medio de sus empinadas construcciones, la cordialidad de sus habitantes y la tranquilidad que se percibe en sus calles, hacen de este poblado, un referente de calidad de vida en el Centroriente de Medellín.

Foto: Pablo Andrés Pasos 

El ambiente natural producido por innumerables árboles y zonas verdes, es una de las características de Cataluña y la cual es la más admirada por sus pobladores.

La historia de Cataluña es diferente a la de los demás barrios de Medellín. Sus habitantes no tuvieron que sufrir en sus inicios las penurias de tener que recorrer grandes trayectos en busca de un 'poncherado’ de agua ni verse en la obligación de contrabandear energía para iluminar las casas de madera o de barro. La historia de Cataluña nace en otro poblado y ésta se construye a partir de varias urbes.

A mediados de la década de 1970 una serie de fincas de grandes extensiones de tierra eran ocupadas por innumerables pomos, grandes rocas y algunos riachuelos que bajaban desde el corregimiento Santa Elena. Emilsen del Socorro Serna aún recuerda cuando hace algunos años, los niños, habitantes del barrio La Milagrosa, jugaban en la finca de los Niñaues, una de aquellas grandes propiedades, para luego llegar a sus casas cargados en sus camisetas, convertidas en improvisadas chuspas de tela, con grandes pomas rosadas y amarillas.

Unos años después, al Oriente de La Milagrosa, se inició la construcción de un gran complejo urbanístico que constaba de 80 edificios, cerca de 800 apartamentos y que sería bautizado como Urbanización Cataluña. Esta fue habitada, como el resto de la Comuna Buenos Aires, por personas procedentes del Oriente antioqueño, así como de otros barrios de la ciudad atraídos por el gran paisaje verde que se disfrutaba y la tranquilidad que este transmitía.

Privilegio de pocos

Los apartamentos fueron entregados con todos sus servicios públicos domiciliarios, convirtiéndose en un referente de calidad de vida para esta zona, y la cual sería replicada para las construcciones venideras. Poco a poco fueron talando los pomos, destruyendo las rocas, canalizando los riachuelos y abriéndose los caminos para permitir que las constructoras desarrollaran sus proyectos habitacionales.

Según Emilsen, los lotes tuvieron un costo entre los 8 y 13 millones de pesos, por lo que quienes los adquirieron, en su mayoría optaron por acceder a préstamos bancarios para así tener el privilegio de vivir en el que muchos de sus habitantes consideran el mejor barrio de Medellín. Pese a que los copos de los árboles fueron desapareciendo paulatinamente, las constructoras conservaron grandes zonas verdes, pues éste sería el mayor atractivo, y lo es aún, del barrio Cataluña.

En su parte superior, la montaña fue convirtiéndose en empinadas escalas para permitir el tránsito de sus habitantes a las casas que fueron construidas, según ellos, sobre las rocas y riachuelos. Los Pomos, Los Molinos, Las Palmas, Parques, entre otras urbanizaciones fueron surgiendo, todas con un apellido en común: Cataluña. La mayoría de ellas fueron concebidas como unidades abiertas, pero que debido a los problemas de inseguridad que se presentaron finalizando la década de 1990, sus propietarios decidieron cercarlas para cerrarle el paso a los delincuentes.

Ahora, este barrio está conformado por más de 17 unidades rodeadas del verde que aún sobrevive gracias a los grandes jardines que se mezclan con el ladrillo colorido de las casas. Su cercanía con Santa Elena y su ubicación geográfica hacen que el clima cálido predomine en Cataluña, haciendo de este poblado un referente natural que oxigena a propios extraños del caos del centro de la ciudad.


Eterna primavera

Para sus habitantes este vecindario es un paraíso, incluso algunos aseguran que éste se debería haber llamado ‘El Pomar’ para recordar lo que algunas vez se producía en sus suelos. María Rosmira Figueroa, quien ha residido en Palmas de Cataluña por más de trece años, confiesa con nostalgia y melancolía que tendrá que abandonar su casa, sus cultivos de naranja y mandarina y a las ardillas que la visitan a diario en busca de alimento.

“Este barrio no tiene comparación, la tranquilidad, la vegetación y la amabilidad de la gente hacen que uno viva enamorado, pero mi problema de rodillas me impide seguir viviendo aquí”, asegura la mujer de unos 60 años y quien a causa del continuo tránsito por las empinadas escalas, sus rodillas resultaron afectadas. Esta quizás es una de las mayores dificultades para un gran porcentaje de los pobladores, pues en muchos casos, niños, mujeres embarazadas y abuelos, se ven obligados a sobrepasar hasta cien escalones para llegar a sus residencias.

Pero esta no es la única dificultad que presenta la comunidad. Al cerrar las unidades, tienen inconvenientes, según los líderes comunitarios, “para que EPM acceda a arreglar los daños de acueducto e iluminación, pues esta empresa asegura que nada puede hacer en propiedades privadas. Esto es falso y lo hemos demostrado con documentos, pero ellos se niegan a hacer su trabajo, por lo que algunas bombillas están malas y otras han sido cambiadas con dinero de la misma comunidad”, indica Jerson Oswaldo Puerta, presidente de la Junta de Acción Comunal.

Sus habitantes, especialmente los más jóvenes, piden también que se construya una institución educativa en su barrio, pues allí no existe una, por lo que los estudiantes se deben trasladar a otros barrios, pese a la gran población juvenil que allí habita. No obstante, todos en Cataluña aseguran que no abandonarían su barrio por ningún motivo, excepto por cuestones de salud, como fue el caso de María Rosmira.

Desde hace algunos años, personas provenientes del Chocó están colmando las residencias y cada vez esta población crece más. Aunque en ocasiones, su alegría no se limita, los vecinos aseguran que esto ha contribuido con la diversidad cultural de la zona.

Entre sus calles, casas y jardines, se respira respeto, tranquilidad y tolerancia. Tal vez es por esto, que, sin titubear un solo instante, quienes residen en este rincón del Centroriente de Medellín aseguran que Cataluña es lo más parecido a un paraíso.