“Sinfonías” en percusión, ecos resonantes
Autor: Olga Elena Mattei
11 de Noviembre de 2010


A. Dentro del Festival de Percusión (con 12 conciertos y 8 talleres), organizado por la Orquesta Filarmónica con la dirección del maestro Alejandro Posada, la octava presentación fue un gran homenaje al maestro Blas Emilio Atehortúa. La noche comenzó con la imposición de dos merecidísimas condecoraciones: medalla “Ciudadano Ejemplar” de la Alcaldía de Medellín, y la Orden al Mérito “Juan del Corral” del Concejo de Medellín, seguidas de apropiadas palabras de agradecimiento.

Todo el programa fue constituido por obras del Maestro. La primera, “Ostinato a la Rústica”, No.1. Obra absolutamente moderna, de gran energía y sonoridad, con un ritmo como lo anuncia su título, “ostinato”. Una pieza sumamente breve,pero muy interesante.

Enseguida, “Upsupra el Fénix”, inusitada combinación de frases e instrumentos, con sugerencias fantasmales que surgen de temas y tonalidades insinuantes; evocaciones de sentimientos introspectivos. Hermosos pasajes donde los violines exponen las melodías, los chelos responden y luego contestan las violas. Los vientos después. Hacen coro la tuba, los cornos, los tambores, otros instrumentos de la percusión y los fagotes, otras maderas, y el arpa; (la Orquesta adquirió recientemente este instrumento, que le hacía falta). Por último, escuchamos el “Concertante para Timbales”, con cuatro movimientos. El primero lleva el título de “Improvisación”. La orquesta, reducida a casi un conjunto de cámara con arpa. Y el percusionista francés Frederic Macarez, mundialmente famoso solista, con sus cuatro timpani. Para el público que se inicia, y que nunca alcanza a ver bien a los instrumentistas de más atrás, una oportunidad única de observar en primer plano el complejo trabajo del timbalista modificando sus tonos a base de pedal, en un gran solo como los de estas obras de este festival.. No sabemos hasta qué punto el solista improvisó en este movimiento, según lo indicaría su título.

La orquesta toca un grueso soporte de fondo, sonoro, que a veces alterna como principal. El director, atento a cada detalle, preciso y efectivo. La obra perspicaz, picante, electrizante. El percusionista nos ofreció un encore del compositor Eliote Gotter Saira.

Fue una noche extraordinaria y un privilegio conocer las magnificas obras del maestro Atehortúa, con composiciones al estilo de vanguardia, además de escuchar tan fabuloso percusionista.

B. El último concierto del Festival, el número doce, también bajo la dirección del maestro Posada, fue uno de los mejores. Comenzó con el Concierto para Orquesta de Bartok, (con cinco movimientos). Un solo de flauta, y de inmediato cobres, con una especie de fanfarria a soto voce, (si esto no es una contradicción); y un tutti obsesivo y sórdido, que va subiendo hasta temas más claros y luminosos. Solos melodiosos de otros vientos, con un estilo moderno en la arquitectura de las frases. Toda la batería de percusión casi completa. (con dos juegos de timpani). Alternancias entre tuttis intensos y pausadas respuestas de diversos solistas.

Estas alternancias de instrumentos solistas son tan dispersas, tanto en el contexto de la música como en el reparto a los atriles, que para el director, encajar la continuidad de la lectura de la partitura dentro de la vertiginosa rapidez del tempo, debe ser peor que armar un rompecabezas a escala mayor que la humana; igualmente complejo memorizar las saltonas secuencias de modo que la memoria lo asista en tal pandemonium. Posada, exhaustivo (no exhausto) y exacto, en cada entrada y cada minucia expresiva. En el segundo movimiento, “Gioco delle Coppie”, arpegios en un clarinete y respuestas en las demás maderas y en las cuerdas altas. Más tarde en la flauta. Todos los solistas excelentes. El tercer movimiento, “Elegía”, presenta las cuerdas en un diálogo; más tarde, trombones y tuba, no en fanfarrias, sino en fanfarronadas, dando un toque jocoso y furtivo al movimiento, a lo cual responde toda la Orquesta y una flauta como solista, hasta culminar en un festivo remolino frenético en tutti. Este es interrumpido por acordes de arpas, solo para regresar posteriormente a la conjunción inmensa e intensa de los tuttis que seguirán alternando con pausas de solistas. (Hasta la tuba, con su gran sordina interviene antes de la coda).

Posada, gentilmente, invita a cada solista a recibir sus merecidos aplausos. En esta ocasión, yo no puedo hacer lo mismo en mi columna, anotando cada nombre, porque son varias docenas y no se dispone del espacio.

La noche culminó con el concierto de A. Dorman “Frozen in Time”, Una obra brillante y compleja que no debería llamarse “Congelado en el Tiempo”. sino “Sinfonía en Percusión con acompañamiento de Orquesta”. (¡Y aunque esto es un chiste, es enserio!) Otro percusionista fabuloso, quien se bate en solo con un Gran Casa, un bongó, mini timbales, congas, darbuka, vibráfono, xilófono, glockenspiel, marimba, carrillón de cencerros, carrillón de címbalos (crótalos), platillos, tambor con mazo de pedal, redoblante, octavón y…!espejo!. El percusionista solista, Martin Grubinger, (de Austria), no expone la partitura, toca de memoria su intrincada maratón instrumental, pero a pesar de que no hay atriles con partitura, vemos un alto atril con una gran placa de espaldas al público, que yo imagino que debe ser un espejo, para que el ejecutante pueda mirar al director, cuando, al enfrentarse al extremo del semicírculo de su batería instrumental, debe dar la espalda al conductor. Todo esto en el frente del proscenio. Al fondo del escenario, tenemos la percusión regular de la Orquesta con cuatro instrumentistas, incluso, para carrillón de campanas tubulares. El segundo movimiento, Eurasia, dulce y quedo, con casi todo el énfasis en el vibráfono y los címbalos, desplegó una belleza que eriza,.

El solista nos ofreció como encore una composición propia, “Rudimentos del Planeta” en un pipe drumb, (un redoblante de marcha, austríaco), de sonido seco, crudo, casi metálico. Su ejecución, más allá de un acto mágico de malabarismo virtuosista. Increíble.

Al terminar, solo quería que volvieran a empezar, para intentar captar un poco más en la segunda vez. Y quisiera escuchar mirando todo el conjunto desde el techo para poder ver cada instrumento. ¡Qué extraordinarias composiciones, qué fabulosas interpretaciones!.