La Cumbre UE-AL y los TLC
20 de Mayo de 2010


Que la rabiosa oposición de los Robledos y Cía. no pase de ser un sano ejercicio del sagrado derecho al pataleo en democracia.

España hizo honor a su breve presidencia de seis meses de la Unión Europea con la exitosa organización de la VI Cumbre UE-América Latina y el Caribe, que se clausuró ayer en Madrid, y, lo más importante, habiendo cumplido el gran objetivo de que, en el marco de la reunión de jefes de Estado y de gobierno de las 27 naciones europeas y de las 33 del área latinoamericana y caribeña, se firmaran los tratados de libre comercio con Centroamérica y con Perú y Colombia. Como ñapa, la Madre Patria lideró el relanzamiento de las negociaciones para un acuerdo similar con el grupo Mercosur, estancadas desde el 2004, pese a las reticencias de la señora Kirchner, de un lado, y del presidente Sarkozy, del otro.

Por lo visto, una cumbre fructífera, como pocas de esa clase, que además se clausuró con una solemne Declaración de Unidad de Acción para hacer frente a la crisis económica y financiera y para lograr una asociación estratégica que facilite el desarrollo mediante el incremento de los intercambios comerciales, y con la decisión de crear la Asociación Estratégica Eurolatinoamericana para fortalecer las relaciones interregionales, una propuesta que se venía examinando desde la cita de hace dos años en Lima y que, en principio, se sabe que tendrá un Director Ejecutivo, nombrado para un período de cuatro años. Es un paso importante, pues permite un trabajo de coordinación permanente y de gran aliento para la integración de 60 países de uno y otro continente – dentro de los cuales está la mitad del llamado G-20, compuesto por los países ricos y los emergentes – y donde viven más de mil millones de consumidores.

Con respecto al tema que nos toca más de cerca, el Tratado de Libre Comercio suscrito ayer con la UE, tenemos que expresar nuestra complacencia con el éxito de una negociación que comenzó hace tres años, que debió superar grandes dificultades, como la insistencia inicial de Europa a que el acuerdo tenía que ser con toda la Comunidad Andina de Naciones, CAN, y no con miembros individualizados. Pero la terquedad y prácticamente el boicot al avance de las conversaciones por parte de los gobiernos de Bolivia y Ecuador, convencieron a los europeos de que con esos enemigos manifiestos del libre comercio no habría salida y decidieron sentarse a la mesa con quienes sí estaban abiertos a la negociación. Gracias a lo acordado, según la explicación del ministro Plata, el 99% de la oferta exportable colombiana entrará a Europa sin aranceles y sin cuotas.

A pesar de nuestra vinculación tan estrecha al tema de la leche, y específicamente al Consejo Directivo de Colanta, como lo saben los lectores, resolvimos mantenernos al margen de las críticas y preocupaciones – algunas por cierto muy justificadas – de sectores de la industria lechera, pues como dice el Presidente de la República, no se puede concebir la existencia de un tratado de libre comercio en donde haya un país que gana en todo sentido. En alguna parte había que hacer concesiones y lo que ha prometido el Gobierno y, en buena hora, quedó consignado en el acuerdo como compromiso también de la contraparte, es que habrá compensaciones para el sector lácteo y estímulos muy concretos para que mejore su competitividad en un plazo razonable. En primer lugar, se anexó al tratado una declaración suscrita por el presidente Uribe y José Manuel Barroso, Presidente de la UE, en la que ésta reafirma su compromiso de dar apoyo a los proyectos lácteos en Colombia y anuncia una partida de 30 millones de euros para invertir en los próximos siete años, y en caso que hubiere mayores dificultades se apelará al Comité de Comercio del Artículo 13 del tratado, para introducir los ajustes necesarios al capítulo lechero. Quedó expresa en el acuerdo la prohibición de inundar nuestro mercado con leches de corto vencimiento, como sucedió hace años con la famosa “leche polaca”. Además, el Gobierno acaba de expedir el Decreto 1673, que modifica las normas actuales en el sentido de que cualquier leche que vaya a ser importada a Colombia debe tener una fecha de vencimiento mayor de 12 meses, contados a partir de la fecha de su ingreso al país.

Como es nuestra obligación periodística, seguiremos con mucho interés y esmerada atención los desarrollos de todos los aspectos del tratado, particularmente los paliativos y compensatorios para la industria láctea, como los aspectos de dura competencia e incluso los perjudiciales, si los hay, para ir opinando a medida que se den los debates en el Congreso de la República, donde confiamos que se actúe a la altura de las circunstancias, con diligencia y eficacia, como ha ocurrido con todos los que están vigentes o pendientes de ratificación de otros congresos, como el vapuleado TLC con EEUU, y que la rabiosa oposición de los Robledos y Cía. no pase de ser un sano ejercicio del sagrado derecho al pataleo que sólo disfrutamos en democracia.

Por lo que representa para los hermanos centroamericanos – Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá – nos alegra el buen suceso de la firma del TLC con la Unión Europea, a la cual se oponía en principio el presidente Daniel Ortega, que no asistió a la cumbre, y quien tuvo que resignar su solidaridad ‘evochavista’ para no dejar a su país aislado de tan importante acuerdo. Ayer, en un acto oficial en Managua, dijo esta obviedad para justificar su reculada: “No es un acuerdo perfecto, pero es el acuerdo que podía salir para Nicaragua en estas condiciones”.