La incertidumbre británica
8 de Mayo de 2010


Nosotros creemos que la alianza más probable para formar Gobierno será entre conservadores y liberal-demócratas.

Se cumplieron el jueves en Gran Bretaña unas elecciones parlamentarias en las que, pese al extraordinario triunfo del Partido Conservador, el mayor en 80 años, pues conquistó 93 nuevos escaños en la Cámara de los Comunes y pasó de 209 a 306; y a la derrota del Partido Laboralista, que pierde 94 de los 352 escaños y queda a un paso de perder el Gobierno, la nota dominante es la incertidumbre, pues sucedió lo que allí y en todos los regímenes parlamentarios se conoce como “hung parliament” (parlamento colgado), para significar que se ha elegido un legislativo en el que ningún partido tiene mayoría absoluta, que en el caso de Gran Bretaña es la mitad más uno de los 650 miembros de la Cámara de los Comunes, y por lo tanto la conformación de un nuevo gobierno depende de complicadas alianzas.

El “parlamento colgado” no implica necesariamente un cataclismo político, pues de hecho hoy existe en España, Italia, Alemania, entre otros países europeos, donde el partido ganador debió hacer alianzas con minorías para asegurar el gobierno, pero lo curioso es que en el Reino Unido eso no sucedía desde 1974. En esa ocasión, los conservadores del primer ministro Edward Heath lograron una ajustada victoria, con 37.9% de los votos, frente a 37.2% de los laboristas de Harold Wilson, pero estos obtuvieron cuatro escaños de ventaja (301 frente a 297). Heath no dimitió como primer ministro porque confiaba en conseguir el apoyo de los unionistas de Irlanda del Norte y del liberal Jeremy Thorpe para alcanzar la mayoría parlamentaria. Pero la negociación con Thorpe fracasó porque Heath no aceptó su principal demanda: la reforma electoral. Finalmente, Heath debió dimitir y entonces Wilson fue designado primer ministro.

Ahora se trata de saber cuál será el resultado de las frenéticas negociaciones y múltiples cálculos en que están enfrascados, tanto el triunfador, David Cameron, como el primer ministro, Gordon Brown, con el tercero en discordia y gran sorpresa en esta jornada, Nick Clegg y su Partido Liberal Demócrata, que se convirtió, con sus 57 parlamentarios, en la llave sin la cual no sería posible para el primero entrar ni para el segundo permanecer en Downing Street. Hay que decir, sin embargo, que se esperaba más de los liberal-demócratas, a los cuales las encuestas llegaron a colocar como la segunda fuerza, superando al laborismo, pero a la hora de la verdad, aunque mejoraron algo su votación de hace 5 años, al final perdieron cinco escaños, en parte debido al sistema electoral británico, que se caracteriza por una circunscripción unipersonal que siempre favorece al bipartidismo.

En realidad, el británico es un sistema electoral que tenía sentido cuando los dos grandes partidos históricos dominaban ampliamente el panorama, pero esa situación ha venido cambiando paulatinamente. Según datos oficiales, en 1979 la suma de conservadores y laboristas superaba el 80% de la votación; en 1992 había bajado al 75% y en 1997 apenas superaba el 72%. Pero el cambio más radical -que anticipaba que algo se estaba moviendo en el nuevo siglo en la política británica- fue lo acontecido en las últimas elecciones, cuando los dos primeros partidos se quedaron por debajo del 70%. Su principal rival y tercera fuerza, el Partido Liberal Demócrata, ha venido creciendo en votación, aun cuando no en la misma proporción en número de escaños parlamentarios: en el 2005 sumaron un 22% de los votos y obtuvieron solo el 9% de los diputados. Este jueves consiguieron algo así como la tercera parte de la votación y eso se tradujo sólo en la décima parte de las bancas disputadas en el parlamento. Visto desde el punto de vista de los electores, resulta que un voto conservador o un voto laborista, tiene tres veces más poder que un voto demoliberal, lo cual evidentemente viola el principio de igualdad de los ciudadanos.

En esa reforma electoral está el fiel de la balanza y la prueba es que, tanto Brown como Cameron, se han mostrado dispuestos a impulsarla, en el marco de eventual gobierno en alianza con el PLD. El líder conservador ha hecho ya una oferta al Partido Liberal Demócrata de Nick Clegg, en la que le brinda la posibilidad de aplicar algunas de sus promesas electorales a cambio de su apoyo y se muestra dispuesto a abordar temas cruciales para la tercera formación del país, como la reforma del sistema electoral. Brown, por su parte, ha dicho que en que caso de que ‘tories’ y liberaldemócratas no llegaren a un acuerdo, estaría dispuesto a hablar con Clegg de “las áreas en las que hay coincidencias entre ambas formaciones: la gestión económica de la crisis y la reforma del sistema electoral para hacerlo más representativo, como quiere Clegg”.

Así las cosas, nosotros creemos que la alianza más probable para formar Gobierno será entre conservadores y liberal-demócratas. Primero porque, aunque aparentemente ambos partidos mayoritarios ofrecen impulsar la reforma exigida por Clegg, sus electores liberales buscaban un cambio y sería decepcionarlos si suma su fuerza parlamentaria al continuismo. Y en segundo lugar, porque para Brown no serían suficientes las curules demoliberales para formar la mayoría absoluta y tendría que salir a buscar otras alianzas, en cambio a Cameron le darían una mayoría de 363 escaños, más que suficiente para adelantar un Gobierno sólido y estable.