Otra invitación por facebook
Autor: Henry Horacio Chaves P.
22 de Octubre de 2009


He sido crítico de las llamadas redes sociales como el facebook (por motivos que darían para otra columna), pero entiendo que así como cualquiera otra herramienta, más que en si misma, el riesgo que pueda representar reposa en el uso que en ocasiones se le da. Un buen ejemplo de ello lo constituyó la convocatoria a la marcha del 4 de febrero de 2008, que según datos oficiales reunió a más de 14 millones de personas en distintas ciudades del mundo para manifestarse contra la guerrilla de las Farc. Esa marcha, convocada por el colombiano Oscar Morales y otros jóvenes a través de facebook, fue calificada por la Secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, como “la más grande movilización en contra del terrorismo que se ha dado en la historia de la humanidad”. Así lo dijo en una ceremonia de graduación de la Universidad de Nueva York y fue registrado por los periodistas de la Gran Manzana.

Aunque no estoy en facebook acudí a esa marcha y la recuerdo efectivamente como una gran manifestación global contra quienes insisten en prácticas crueles e inhumanas, salidas de toda lógica. De ella me enteré por los medios tradicionales de comunicación que hicieron eco y amplificaron la convocatoria. Del mismo modo me enteré recientemente de otra invitación similar, nacida en Medellín y motivada según entiendo por dos nuevos profesionales, con la idea de conseguir una jornada sin asesinatos. Un propósito que también motiva mi adhesión, que quiero manifestar con estas letras. Espero que la meta se cumpla y que su efecto se multiplique como ocurrió con el ejemplo de la marcha que se quedó en la memoria con el nombre genérico del 4 de febrero.

Y es que eso es la invitación, una voz de esperanza. Un lamento por el creciente número de homicidios en el Valle de Aburrá, asociado a la disputa ilegal por el control del negocio del narcotráfico. Ya lo dije, no estoy en la red de facebook y no sé si quienes pueden aportar para que la meta se cumpla están allí. Además de estar se necesitaría que quisieran vincularse al propósito, y no faltará el que deje “la vuelta” para las 23:56 horas de este viernes, es decir, para el minuto siguiente. Y como la esperanza no siempre se viste de verde, tampoco habrá de faltar quien opine que la invitación es inocua porque es otro de esos mensajes que se comparten entre quienes razonan, pero no le llegan a quien tiene el poder de decisión sobre la materia. yo creo sin embargo que aún cuando no se alcance la meta (y ojalá sí se logre) la iniciativa ya sirvió.

Sirvió para que se hable del tema, no ya con la voz ronca del lamento sino con la capacidad de discernimiento que nos motiva a pensar en que más allá de entender las razones sociológicas de la mala hora, hay que conjurarla. En este espacio ya valoramos la iniciativa municipal de buscar el apoyo y el concurso de toda la sociedad para sacar a los jóvenes del torbellino de la violencia. Desde la propia Alcaldía manifestaron también su apoyo a la invitación de Facebook, sin preguntarse si al mismo tiempo ella sería una manera de respaldar la convocatoria oficial; mejor dicho, sin preguntarse si fue primero el huevo o la gallina.

Claro que hay que decir que las cosas tienen origen y antecedentes, que demuestran que conviene replicar las buenas experiencias y mantenerlas. Hace poco más de un lustro, por ejemplo, desde la Gobernación de Antioquia se motivó una campaña de cero muertes violentas en el día de la madre, iniciativa que después fue replicada por la Alcaldía de Medellín al corroborar que ese era uno de los días más violentos del año. En esas y otras oportunidades puntuales las campañas han tenido eco porque se convierten en un llamado preventivo a quienes pueden perder los estribos y convertirse en un minuto en victimario de su propio hermano. El reto adicional que tiene la iniciativa propuesta para el viernes, consiste en que está dirigida a quienes no necesitan la mano del azar para llegar al crimen. Ellos son precisamente los depositarios del mensaje: quienes ordenan y ejecutan los homicidios, para que hagan una pausa de un día en la máquina de la muerte, y quién sabe, de pronto les queda gustando.