Contracorriente
Vara de premios
Autor: Ramón Elejalde Arbelaez
19 de Julio de 2009


Las notarías, como el servicio exterior, siempre han sido un botín que ha servido para que el gobierno de turno premie a la dirigencia política y a la rancia aristocracia bogotana. Existen notarías que son verdaderos balotos que les garantizan al agraciado y a su familia, un futuro promisorio. Ni más faltaba que yo no reconociera haber sido beneficiado una vez con un premio de éstos, así fuera temporalmente.

Resulta que ahora el ex superintendente de Notariado y Registro, Manuel Cuello Baute, viene a contarle a la Corte Suprema de Justicia lo que debió decir hace muchos días, desde cuando los hechos sucedieron. Los colombianos saben que este funcionario fue condenado en providencia que está en casación ante la Sala Penal de la Corte por hechos sucedidos cuando ocupaba el cargo de Superintendente de Notariado, y denunciados, entre otros, por este articulista en este mismo medio. Personalmente también sustenté ante la Procuraduría General de la Nación una queja disciplinaria contra el citado ex funcionario y contra los señores José Manuel Moscote Pana y Milton Contreras Amell. ¿Qué pasó en la Procuraduría? Lo desconozco, pero supongo que nada, como casi siempre suele suceder con los organismos de control en Colombia. Uno de los citados alcanzó a denunciarme por calumnia, pero los hechos conocidos fueron tan abrumadores, que la denuncia se quedó en el intento.

No se puede desconocer que las denuncias de Cuello Baute son escalofriantes. Si bien todos los gobiernos pasados utilizaron las notarías para premiar a sus congresistas y amigos, en este caso eriza la piel saber que se entregaron, supuestamente, para conseguir los votos necesarios para sacar la primera reelección presidencial. Pero también preocupa porque el presidente Uribe dijo desde su campaña que la politiquería y el clientelismo desaparecerían durante su gobierno y eso, tristemente, no sucedió. Los hechos son tozudos. El episodio de Teodolindo Avendaño, Yidis Medina y una notaría “vendida” en Bogotá, no son precisamente un hecho muy edificante para nuestra democracia, ni un ejemplo para próximos gobiernos.

Pero en honor a la verdad al presidente Álvaro Uribe hay que reconocerle que se dio a la tarea de poner en vigencia la carrera notarial y que hasta ahora no existe queja alguna de la transparencia con la cual ese instrumento se puso en práctica. En diez y siete años ningún gobierno lo había intentado. Notarios cercanos al Gobierno salieron, porque no ganaron el concurso e ilustres desconocidos, por sus méritos, son hoy otorgadores de la fe pública.

Las denuncias de Cuello Baute deben ser investigadas exhaustivamente, a pesar de la poca autoridad moral que tiene. La carrera notarial debe continuar aplicándose para los cargos que vayan quedando vacantes y para los que aún no fueron provistos para evitar de esa manera que continuemos con la “vara de premios” que era el servicio notarial en Colombia.

Notícula. Pretender creer que el conflicto de intereses lo pueden esconder los congresistas al votar el referendo reeleccionista, amparados en la ley de bancadas, no es más que concertarse parlamentarios y jefes de partidos para burlar la ley. Se les olvidó muy rápido lo que pasó en el famoso caso del “pomaricazo”, cuando a algunos vicepresidentes de la Cámara los vincularon al proceso penal simplemente por haber firmado una resolución que delegaba en un empleado la función de contratar. Eso lo entendió la Sala Penal de la Corte Suprema como un “concierto para delinquir”. ¿Cuál es la diferencia con lo propuesto?