De cara al porvenir
Con hecatombe o sin hecatombe
Autor: Pedro Juan González Carvajal
16 de Junio de 2009


De acuerdo con el Preámbulo de nuestra Constitución Política, “El pueblo de Colombia: En ejercicio de su poder soberano, representado por sus delegatarios a la Asamblea Nacional Constituyente, invocando la protección de Dios, y con el fin de fortalecer la unidad de la Nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico democrático y participativo que garantice un orden político, económico y social justo, y comprometido a impulsar la integración de la comunidad latinoamericana, decreta, sanciona y promulga la siguiente Constitución Política de Colombia”.

Como puede observarse, el alcance y las expectativas de nuestra carta constitucional sirven para poner en blanco y negro aquellos asuntos que son de interés para todos, y que siéndolo, equivaldrían a aquello que los anglosajones han denominado como “Acuerdo sobre lo Fundamental”, lo cual nos invita a pensar, que en este asunto, hemos pretendido actuar como sociedad política.

Pero mucho va del dicho al hecho: ¿Tenemos los colombianos mayores de edad una conciencia ciudadana que nos permita conocer nuestros deberes y nuestros derechos constitucionales y obrar en consecuencia? ¿Nuestro sistema educativo se preocupa y tiene como uno de sus focos de interés formar a los futuros ciudadanos a partir de la construcción colectiva de una conciencia geográfica e histórica que nos permita actuar como nación, y así visibilizarnos ante el concierto de los pueblos del mundo?

¿Tenemos alguna remota idea de cuántos recursos se requieren para instrumentar los mandatos constitucionales y cumplir con las expectativas de 45 millones de colombianos? ¿Están los Partidos Políticos en condición de enarbolar sus ideas y a partir de sus principios, cautivar a las nuevas generaciones? ¿Son los poderes públicos que configuran nuestro Estado en la actualidad, lo suficientemente legítimos y representativos para liderar el desarrollo del Artículo 1 del Título I “De los Principios Fundamentales”, de la Constitución Política, que dice:”Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general”?.

No tiene ninguna presentación que bajo un esquema democrático, muchos de los aspirantes al primer cargo del poder ejecutivo en Colombia se inhiban de presentarse formalmente como alternativa, ya por una pretendida lealtad con el actual mandatario o ya porque hacen cuentas electorales y éstas no les dan. Son tantos los mandatos por cumplir, tantas las realizaciones por emprender, tantas las necesidades por suplir y tantas las injusticias por reparar, que decida lo que decida el actual presidente, a partir del cuestionado, ruidoso, costoso y desgastante procedimiento legislativo de reforma constitucional para permitir una nueva reelección, que se hace necesario e impostergable que aparezcan candidatos que ventilen sus ideas y sus propuestas de manera amplia, seria y respetuosa, de modo que podamos seguir considerándonos a nosotros mismos como democracia, y no como un simplón remedo de democracia.

Bienvenidas todas las candidaturas que con seriedad se han presentado ante la opinión pública, y bienvenidos todos los procedimientos que se realizan al interior de los partidos políticos para la escogencia de sus respectivos candidatos.

Los ciudadanos de Colombia requerimos y exigimos que se nos presenten propuestas realizables que nos permitan, aprovechando los logros alcanzados en varios frentes, encauzar nuestros esfuerzos por superar la pobreza y la iniquidad que hoy se observan y se imponen en Colombia.

Requerimos y exigimos respeto por los mandatos constitucionales y acciones y resultados que lo demuestren.

No queremos que las campañas se realicen solamente a punta de encuestas, campañas publicitarias, desarrollo de estrategias de manejo de la imagen, ofreciendo candidatos-productos en vez de candidatos-ideas, donde lo importante es la postura, presencia y figura del candidato, antes que sus posturas y sus compromisos de acción.

Queremos ser testigos de discusiones sobre los temas de actualidad, que a todos nos incumben como por ejemplo, cuál es la posición de Colombia ante el cambio climático, el tema de las drogas, el ejercicio de la soberanía, el imperio de la ley, entre otras varias, con una visión cosmopolita, propia del siglo XXI, donde comencemos a dejar a un lado los discursos sempiternos contra la subversión de los últimos sesenta años, que han justificado y siguen justificando el actual estado de cosas.

Con hecatombe o sin hecatombe, este país tiene que seguir funcionando, tiene que elegir presidente, tiene que desarrollar las bases de una sociedad política que pueda exigir a sus gobernantes, el cumplimiento de sus deberes constitucionales.

Retomando a Millos Fernández, recordemos que “escoger entre monarquía y presidencialismo, es lo mismo que escoger entre el támpax y el supositorio”.