La incultura política
Autor: Dario Ruiz Gómez
13 de Febrero de 2006


El Doctor Posada Carbó, a propósito de unas declaraciones de Laura Restrepo llama la atención sobre la deficiente formación política de los escritores y por lo tanto de su incapacidad para entender hoy las nuevas situaciones que vive nuestra sociedad. Esto es cierto, pero esta ignorancia tiene que ver con el proceso de degradación de nuestra educación en colegios y universidades a lo largo de las dos últimas décadas.

O con el concepto que la llamada industria cultural tiene del escritor como un zombie que se reduce a producir una novelita cada año y la vende de feria en feria. Ya tenemos un grupo de escritores jóvenes, los “babyboom” como los llama el escritor Oscar Collazos, que después de tres novelitas mediocres y toneladas de publicidad arrastran el peso de una obra muerta.

España, cuya industria cultural creó decenas de estos genios de ocasión enfrenta hoy el problema de estos vivos –muertos incapaces por supuesto, de crear una verdadera obra. Pero este efecto devastador de la industria ha sido más doloroso cuando ha hecho desaparecer de los medios de comunicación y las mismas universidades el ejercicio de la crítica. Hacerlo es dejar a toda una sociedad en babia. En Colombia sucede al respecto algo singular: ¿en donde escriben nuestros escritores críticos de izquierda, los irreverentes?

La famosa revista de chismes sociales “Hola” va dirigida a un público que sueña en grandes fiestas principescas y realezas. A nadie se le ocurriría pensar que en sus páginas escriben los grandes pensadores como un Gil Calvo, un Elorza, un Savater, etc. En Colombia nuestros envejecidos rebeldes escriben en este tipo de publicaciones, en éstas se regodean en largos denuestos contra Uribe, contra la sociedad de consumo, contra el Papa, paradójicamente, en medio de pomposas fotos de modelos, de información sobre las fiestas de los grandes y jóvenes amos de nuestro país, la nueva élite, curiosamente más celosa de sus privilegios y de demostrar que la parranda de la cultura es el privilegio exclusivo de unos pocos.

Desaparecidos de las universidades los centros de estudios políticos, suprimidos de los partidos políticos como tarea aclaratoria desde el punto de vista teórico, la formación política de estudiantes, de militantes, desapareció por completo. A través de FECODE el Partido Comunista convirtió al maestro en un simple militante con fines estratégicos. Unos y otros lanzan improperios contra el imperialismo y confunden la izquierda histórica con el nacionalismo a ultranza de un Chávez o un Evo Morales. La reacción emocional primitiva ha sustituido el criterio que afianza a la razón a través de la investigación, del estudio.

La arrasadora presencia de los grandes pulpos editoriales españoles imponiendo un modelo de escritor aséptico, incoloro, doméstico, ha cumplido pues, la tarea de que en este país las nuevas élites sociales presuman de su cultura, impulsen el filisteísmo e ignoren al verdadero intelectual por ser una figura que los incomoda.

El error, tanto de Posada Carbó como de Alejandro Gaviria consiste en identificar al intelectual con estos productos del mercado, ya que el intelectual sigue ahí en las universidades, pienso en José Olimpo Suárez, en Fernando Cruz Kronfly, en Iván Darío Arango, en Jaime Jaramillo Panesso, en García Posada, en Orlando Mejia, en Alfonso Monsalve, etc. Textos que no aparecen en las publicaciones frívolas ni se confunden con “memorias”, banales informes sobre acontecimientos inmediatos, escritos por segundas manos y firmados por prestigiosos políticos, banqueros, hombres de negocio.