Editorial

縍enunciamos a la ciencia?
4 de Septiembre de 2013


Un pa韘 se desarrolla integralmente cuando en vez de comprar productos patentados por otros o, peor a鷑, piratearlos, logra desarrollarlos desde sus propios grupos de investigaci髇, liderados por doctores con vocaci髇 cient韋ica, no financiera

La especialista Paula Arias, directora de Colciencias desde julio pasado, puso a la institución  en el centro del interés público. La forma como fue nombrada, su tolerancia con el presupuesto institucional para 2014 y su enfoque sobre impulso a la investigación aplicada, abandonando la ciencia básica, hicieron que los científicos cambiaran sus tablas de análisis por argumentos, algo poco usual, así en este Gobierno se haya presentado en dos oportunidades, ahora y tras la renuncia del académico Jaime Restrepo Cuartas, en protesta por las restricciones presupuestales.


La directora de Colciencias ascendió al cargo por recomendación del representante Alfonso Prada, polémico titular de la representación legal del Partido Verde. Allí sucedió al científico Carlos Fonseca Zárate, de esa colectividad. Esta sucesión de políticos en la dirección de Colciencias -el doctor Restrepo Cuartas es un académico que a veces milita- hizo al doctor (en Ingeniería) Moisés Wasserman, exrector de la Universidad Nacional, denunciar la “politización” de dicho cargo. Su voz suena junto a las de un grupo que se ha llamado a sí mismo “Diáspora de científicos” y voceros universitarios.


Los investigadores intentan explicarle a la especialista Arias Pulgarín conceptos de la epistemología y las metodologías, luego de que ella indicara que va a estimular el “fortalecimiento y generación de productos nuevos para las empresas”. El doctor Wasserman responde que “eso es construir edificios sobre arena. La generación de patentes es la punta del iceberg”. Por su parte, los científicos de la Diáspora, le han aclarado que ellos no actúan según la lógica de que (en palabras de ella) “si la gente está bien acomodada, investigando y ganando bastante, para qué le dices que lo vas a traer si no tienes las condiciones”. Los aludidos, que tienen un grupo de debate sobre la política de ciencia, le dicen que “la mayor riqueza que anhelamos es la posibilidad de retornar al país a hacer lo que sabemos, estando cerca de los que queremos”, agregando, además, que aspiran a que Colciencias cree condiciones para que puedan retornar “y así transferir y aplicar las experiencias y conocimientos adquiridos después de haber experimentado la ciencia, la investigación, la innovación y el desarrollo en diferentes lugares del mundo”. Su campo natural son los grupos universitarios de investigación.


En otro debate relacionado a nuestro capital intelectual y técnico, tras la emisión del documental 9.70 -no exento de exageraciones propagandísticas- Corpoica reconoce su papel “dando fe de que la semilla se produjo en buenas condiciones y que por lo tanto, es limpia y no va a generar ningún problema fitosanitario”, según ordena la Resolución 970 del 10 de marzo de 2010, que fija condiciones para “la producción, acondicionamiento, importación, exportación, almacenamiento, comercialización y/o uso de semillas para siembra en el país”.


Al frente del debate sobre el enfoque de Corpoica, entidad dirigida por el magister Lucas Restrepo, ex-gerente de negocios para Latinoamérica de la multinacional suiza Syngent (empresa que desarrolla semillas transgénicas y certificadas), Germán Vélez, de la ONG Semillas, ha denunciado que en los años 2010 a 2011, Corpoica destruyó “1.167.225 kilogramos de semilla, la mayoría de arroz; pero también de papa, maíz, trigo, pastos, fríjol, entre otras, mientras que en el año 2012, rechazó 2.793.392 kilogramos de semilla de arroz”.  Con esta práctica, el organismo que tiene como objetivo “generar conocimiento científico y soluciones tecnológicas a través de actividades de investigación, innovación, transferencia de tecnología y formación de investigadores, en beneficio del sector agropecuario colombiano” no avanza en mejorar las semillas nativas colombianas y está sacrificando nuestra diversidad genética, riqueza promisoria de la Nación, a las pocas multinacionales que están acaparando las patentes biotecnológicas y acabando con la rica diversidad alimentaria de los pueblos y las etnias. 


Un país se desarrolla integralmente cuando en vez de comprar productos patentados por otros o, peor aún, piratearlos, logra desarrollarlos desde sus propios grupos de investigación, liderados por doctores con vocación científica, no financiera, y acompañados por sus estudiantes universitarios. Ese es el país que nos hicieron soñar es posible quienes durante dos décadas desde el Gobierno impulsaron el desarrollo, todavía incipiente, de Colciencias. ¿Tendremos que renunciar a este sueño?