Editorial

Nuestros lazos con el Reino Unido
18 de Julio de 2012


Siempre hemos apreciado nuestras relaciones con Gran Bretaña y aquí tenemos una prueba de que no estábamos equivocados al tener plena confianza en la seriedad de su política exterior.

No hay la menor duda de que el Reino Unido es gran aliado en Europa, tanto en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo como en los demás temas de la agenda internacional de Colombia. Es también un socio comercial importante y una fuente de cuantiosas inversiones privadas -segundo lugar, después de Estados Unidos- especialmente en el sector minero-energético, en la extracción de petróleo, carbón y níquel. Y está empezando a incursionar en el campo de las franquicias comerciales con la reciente apertura en Medellín de una de sus tiendas Mothercare, firma con medio siglo de existencia.


Ayer, en Bogotá, el embajador en Colombia, John Dew, en compañía de su homólogo colombiano en Londres, Mauricio Rodríguez, y ante varios viceministros y otros altos funcionarios colombianos, presentó el Fondo de Prosperidad, con una primera partida de medio millón de libras esterlinas ($1.400 millones, aproximadamente) para apoyar cinco pilares de colaboración binacional definidos por el Gobierno británico: Ciencia e innovación, Transporte e infraestructura, Economía verde, Educación superior y Buen gobierno. Con el Fondo también aspiran a fomentar alianzas público-privadas que amplíen sus alcances y garanticen el éxito de los proyectos. Por lo pronto se habla de financiar ocho, uno de los cuales fue presentado por Colciencias y el Grupo Technopolis para fortalecer el desarrollo en ciencia, tecnología e innovación, al cual se destinarán 85.000 libras esterlinas. Otra iniciativa es reducir las emisiones de CO2 en el transporte urbano, para lo cual se han reservado 110.000 libras esterlinas.


El Fondo de Prosperidad es lo más reciente en lo relativo a cooperación británica, pero Colombia también se beneficia de la llamada “Estrategia de Derechos Humanos y Democracia”, cuyas prioridades y cuantía se fijan cada año. Para este, según leímos en la web de la Embajada, las prioridades son: asegurar que las víctimas reciban una reparación adecuada; incrementar la capacidad del sistema de justicia penal para operar conforme a los estándares internacionales de derechos humanos; y enfrentar las causas de violencia y discriminación contra la mujer, entre otras. Todo eso lo hace el imperio británico en forma discreta y sin necesidad de enojosas “certificaciones” de que estamos cumpliendo la tarea.


La semana pasada tuvimos en Medellín la grata visita del señor embajador John Dew y del jefe de Misión Adjunto de la Embajada Británica, Tony Regan. Además de sus encuentros con el gobernador Sergio Fajardo y el alcalde Aníbal Gaviria, al igual que con dirigentes empresariales, educativos y cívicos, anunciaron que el próximo 13 de agosto se abre aquí el primer Centro de Enseñanza del British Council, en convenio con el Colegio Montessori. Así, más paisas podrán aprender inglés con el refinado acento británico.


Siempre hemos apreciado nuestras relaciones con Gran Bretaña y aquí tenemos una prueba de que no estábamos equivocados al tener plena confianza en la seriedad de su política exterior, en particular en su relación con naciones aliadas. En sus declaraciones a la prensa de Medellín, el señor Dew dio la clave de lo que para ellos significa cooperar con Colombia. No son dádivas, que no estamos pidiendo ni necesitando, sino un deber que él explica así: “Lo más importante es nuestra corresponsabilidad, somos un país de consumidores de drogas. Siempre lo hemos reconocido así, incluso desde los 80’s cuando Margaret Tatcher era primera ministra y decía que no es justo que seamos un país consumidor y no le brindemos ayuda a los países productores”.


Queríamos destacar hoy los avances en materia de cooperación, un capítulo poco conocido de las siempre francas y estrechas relaciones con el imperio británico, que por cierto acaba de celebrar el jubileo de diamante de la reina Isabel II, con la pompa y la solemnidad que saben imprimirle los ingleses a todo lo que guarde relación con su respetada monarquía constitucional. ¡Larga vida a su serena Majestad!