Editorial

Las Farc tiran de la cuerda
4 de Mayo de 2015


Cada d韆 de permanencia bajo el poder de las Farc, renueva el acto del reclutamiento y la violaci髇 a los derechos del ni駉 o ni馻 v韈tima.

En los oídos de los colombianos aun suenan las bienvenidas a anuncios de las Farc sobre compromisos con los “derechos de las víctimas”, el cese unilateral del fuego, el reclutamiento de adolescentes y el desminado humanitario. Con ellos nacieron esperanzas medidas en encuestas favorables al proceso de conversaciones y en las decisiones en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. La cicatería, titubeos y retrocesos de las Farc convirtieron en desencanto lo que ayer eran sueños. Así lo han registrado las encuestas de los grandes medios.


Mediante titulares optimistas se proclamó el pasado junio que “las Farc reconocen a sus víctimas”. Las albricias se repitieron, sin crítica ni distancia, en los desplazamientos de las cinco delegaciones de víctimas a la mesa de conversaciones. Estos comenzaron el 15 de agosto, fecha de inicio de negociaciones sobre derechos de las víctimas, mismas que ajustan nueve meses sin que existan acuerdos sobre cómo se van a garantizar los principios de la justicia transicional, verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición, los mínimos que compensan a las víctimas. Se dice que ni siquiera ha sido posible acordar los términos marco de un acuerdo sobre comisión de la verdad.


En hábil estrategia que ha dilatado las negociaciones y diluido las exigencias de concreción a las responsabilidades que las partes asumirán para terminar el conflicto, según los puntos básicos del “acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”, las Farc han usado su estadía en La Habana como plataforma de promesas sobre desescalamiento del conflicto. Con ellas han alentado esperanzas y favorabilidades, además de presiones al Gobierno Nacional para que se comprometa con una inadmisible tregua bilateral.


Las Farc ofrecieron tregua unilateral. Hasta el mes de marzo, los organismos responsables del seguimiento, los analistas independientes y la ciudadanía toleraron algunas acciones esporádicas que parecían errores más que agresiones fuertemente intencionadas. La paciencia nacional comenzó a resquebrajarse con los ataques en Ituango a la fuerza pública y se perdió el miércoles 15 de marzo, con el ataque contra el campamento militar en Buenos Aires, Cauca. Con los soldados, quedaron heridas de gravedad la confianza que empezaba a nacer en torno a la sincera voluntad de paz de las Farc, y la esperanza en los buenos resultados de la mesa de conversaciones de La Habana.


También el 12 de febrero, en lo que anunciaron como gesto de desescalamiento del conflicto, las Farc proclamaron el cese del reclutamiento de menores de 17 años. Recogiendo un clamor nacional, el jefe de negociadores en La Habana, Luciano Marín, alias Iván Márquez, se comprometió a entregar a los menores de 15 años en las filas y dijo, con cinismo que contrastaba con las cifras de la Fiscalía General de la Nación, que hablan de más de dos mil, que apenas llegarían a trece. El 29 de abril, el coronel Germán Rojas, comandante de la Brigada XVII, denunció que las Farc habían reclutado a siete menores de edad, con edades entre 10 y 17 años, en la vereda Mulatos de San José de Apartadó. Previamente, se había denunciado la persistencia del reclutamiento en el Bajo Cauca, donde una niña fue rescatada, y en Tumaco, donde en el año han sido denunciados cinco hechos de reclutamiento. En respuesta al desenmascaramiento, los negociadores se desdijeron. Cada día de permanencia bajo el poder de las Farc, renueva el acto del reclutamiento y la violación a los derechos del niño o niña víctima. 


Desde febrero, cuando se hicieron los primeros cicateros anuncios, hemos señalado los retrocesos e incumplimientos en las promesas hechas a los negociadores del Gobierno y al país, en materia de desminado humanitario. Este, que fue inicialmente presentado como un acto de corresponsabilidad en el que la guerrilla se arriesgaba en la acción, se ha venido convirtiendo en un simple acompañamiento, que otorga suspensión de procesos judiciales, al desminado humanitario que el Ejército hace mucho desarrolla con éxito y sobrada experiencia. La ratificación de la cicatería es síntoma de arrogante presión al Gobierno y del desprecio por los principios con los que los colombianos hemos sostenido y fortalecido nuestra democracia: el respeto por la vida, la defensa de los derechos humanos y la consolidación de la sociedad abierta y plural que busca resolver sus conflictos en el debate abierto, no bajo la amenazas totalitarias que se amparan en el desconocimiento de principios y valores universalmente admitidos y cuidados.