Editorial

La des-protección de Panamá
16 de Mayo de 2016


Los hechos que hoy alertan al gobierno y la sociedad panameños reconfirman la necesidad de retomar la iniciativa de construir el tramo Tapón del Darién de la Carretera Panamericana.

Se cumple una semana del lanzamiento por el presidente Juan Carlos Varela de la Operación Escudo, dirigida a proteger los puertos, el espacio aéreo y “el territorio” por los que ingresan a Panamá el narcotráfico y los miles de migrantes originarios de Haití, Cuba y África que buscan alcanzar Estados Unidos. Durante estos siete días se han entregado escasas noticias sobre resultados del control a los males que el presidente se decidió a combatir en un momento que coincide con su pérdida de popularidad, su segundo aniversario en el poder, los controles a migrantes en Costa Rica y Nicaragua y la vigilancia mundial al sistema financiero de su país, impulsada por el escándalo de los Panama Papers. A falta de resultados, el gobierno de la vecina nación anuncia nuevas inversiones en lanchas y equipos para el control territorial. 


Si bien buscó generar la idea de que el que emprende es un esfuerzo general, el presidente Varela no consiguió ocultar, o siquiera minimizar, que la mayor vigilancia se hace a Colombia y los migrantes que parten de Ecuador. Como demostración, están sus afirmaciones sobre la necesidad de reducir la amenaza del narcotráfico, pues “el cultivo y producción de droga específicamente desde Colombia se ha duplicado”, idea que fue reforzada con su exigencia de que se responsabilice “a los países productores y consumidores” -no a los paraísos fiscales donde se lavan sumas millonarias de dólares- del control a la poderosa economía ilegal. 


El mundo es testigo de la hostilidad de Panamá hacia migrantes necesitados y frente a sus vecinos sudamericanos, esta última explícita en los frenos ideológicos que ha impuesto a iniciativas para el intercambio fronterizo a través de la Carretera Panamericana o la interconexión eléctrica por vía terrestre, en el Tapón del Darién. Por cuenta de esos frenos, y a diferencia de lo que sucede con Venezuela, Ecuador o Brasil, no existen vigorosas poblaciones en la vecindad de Colombia y Panamá, menos intercambios económicos y culturales formalizados entre pueblos hermanos que viven bajo el amparo de gobiernos amigos. A cambio de coexistencia legal, en la región viven el delito, el abandono y la miseria. En tales condiciones, parece exótico que Panamá determine “cerrar la frontera con Colombia”, del modo que lo hizo Nicolás Maduro en la vigorosa frontera colombo-venezolana, desde agosto de 2015. 


Si se siente amenazado por el flujo de migrantes, teniendo en cuenta que sólo los detenidos de origen cubano fueron 6.259 en 2015, y por la mayor presencia de narcotraficantes en su territorio, el presidente Varela tiene, como destacó la canciller Holguín, el derecho de enfrentar esos riesgos, pero sin generar otros, cosa que no está ocurriendo: Jasney Palacio, personera del municipio chocoano de Acandí, pidió ayuda para el control a migrantes que, denunció, buscarán otras salidas, como navegar de noche o retomar “las caminatas por ‘la trocha’ (eufemismo para las carreteras ilegales que cruzan el Tapón del Darién)”. Esos recorridos que se suceden amparados por la selva que ha logrado sobrevivir a la depredación y sin que las autoridades colombianas o panameñas consigan contenerlos, aúpan los cultivos ilícitos; la corrupción y agresiones a las comunidades indígenas, excusa para impedir acciones de desarrollo sostenible, y amplía los riesgos de depredación de una zona que fue rico pulmón del mundo.


Los hechos que hoy alertan al gobierno y la sociedad panameños reconfirman la necesidad de retomar la iniciativa de construir el tramo Tapón del Darién de la Carretera Panamericana, así como de los centros de observación biológica y vigilancia de bosques, infraestructuras que se sigue demostrando son las únicas que pueden garantizar el permanente y eficaz control de las instituciones binacionales, y hasta multilaterales, sobre un territorio anhelado -¿o conquistado?- por grupos criminales que se aprovechan de las reticencias para ejecutar obras que incorporarían esta región al mundo, para campear por sus selvas cada vez menos vírgenes.