Editorial

Colciencias y la investigación social
10 de Noviembre de 2015


Saludamos a participantes en la VII Conferencia de Clacso, que hoy tendrá su acto formal de instalación, aunque inició ayer. Esta conferencia reúne a integrantes de los 432 centros de investigación social de 26 países americanos y europeos de la red.

Saludamos a participantes en la VII Conferencia de Clacso, que hoy tendrá su acto formal de instalación, aunque inició ayer. Esta conferencia reúne a integrantes de los 432 centros de investigación social de 26 países americanos y europeos de la red; y este año debatirá “transformaciones democráticas, paz y justicia social”. Su versión anterior se había reunido en México en noviembre de 2012, recibiendo apoyo de la Secretaría (ministerio) de Ciencia y Tecnología de ese país. El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Clacso, fue constituido por la Unesco en 1967. Desde entonces es punto de encuentro y moderador de debates que buscan responder las preguntas por la construcción de democracia, el trabajo contra la pobreza y por la equidad, así como por la defensa de los derechos humanos. Hoy está integrado por investigadores de Latinoamérica, Estados Unidos, Canadá, Francia, Alemania, España y Portugal. La producción académica y las discusiones entre sus 25.000 integrantes son fuente de consulta para estudiantes, expertos y generadores de políticas públicas de todo el mundo. Medellín, que recientemente ha recibido la conferencia de la Federación de facultades de comunicación social, Felafacs, y se prepara para el encuentro del Foro económico mundial, confirma con este encuentro su vocación de generar innovaciones que permitan proteger la vida, promover equidad social, generar inclusión y pluralismo y, así, consolidar la democracia.


Como denuncia nuestro columnista Carlos Arturo Soto Lombana, decano de Educación de la Universidad de Antioquia, recogiendo un mensaje de Pablo Gentili, director de Clacso, esta Conferencia se reúne gracias a los esfuerzos de esa institución, la Unesco, la Organización de Estados Iberoamericanos, la Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Medellín, y a pesar de un ausente: Colciencias, coordinador del sistema nacional de Ciencia y Tecnología, con el fin de “generar e integrar el conocimiento al desarrollo social, económico, cultural y territorial”, propósito que la actual dirección de Colciencias parece considerar que puede realizar sin apoyar a las ciencias sociales y sus organizaciones. La ausencia de este escenario en el que será posible analizar y discutir los avances de la investigación en campos que tendrán gran interés para el país, es otra de las decisiones del Gobierno Nacional en cabeza de Colciencias y el Ministerio de Educación Nacional que ha causado escozor en la comunidad científica nacional y los observadores extranjeros. Aunque no ha sido propósito de los convocantes, se ha declarado que esa ausencia será denunciada ante los investigadores y líderes presentes en el encuentro.


Hasta la Segunda Guerra Mundial se validó como científico, o sea verdadero, únicamente al conocimiento de las ciencias naturales y exactas, mientras se consideraba como especulativo el de las ciencias sociales y humanas. Las preguntas por el éxito de regímenes criminales en Rusia, España, Italia y Alemania impusieron reconocer que existe un amplio campo de saberes que van de la filosofía a la administración pasando por la historia, la economía, la lingüística, entre muchos más, que generaban datos y análisis que facilitaban comprender a los hombres, sus interacciones y las sociedades que forman, así como proponer medios para resolver la pobreza y la desigualdad; los conflictos y la violencia; la corrupción o el subdesarrollo. El subdesarrollo en ciencias sociales favorece la especulación que da carácter de verdaderos a datos y explicaciones no confirmados; el fanatismo en cualquiera de sus formas o vivezas demagógicas que se valen de la ignorancia para defender falsedades o, como en los debatidos estudios de Natalia “Springer”, dar apariencia de científicas a construcciones que reciclan hallazgos, reconstruyen datos no verificados y presentan como científicos textos que carecen de sustento epistemológico y comprobación en su método. 


El desprecio de Colciencias por la investigación social sólo es comparable con el que les ofreció el Ministerio de Educación cuando redefinió el currículo y los objetivos de la educación poniendo el estudio de Ciencias Sociales, Filosofía y Ética en lugar segundario dentro del proceso educativo. Interrogada por el impacto de estos vacíos en la formación de ciudadanía, la ministra Parody reclamó de las familias asumir el que el Plan Decenal considera propósito de la Educación. No dijo cómo deberían o podrían responsabilizarse de tan grande tarea, ni dejó entender si el Gobierno ha comprendido la seriedad de tales decisiones.