Columnistas

Sacrificar un mundo para pulir un premio
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
30 de Octubre de 2016


Lo del presidente Santos no tiene arreglo. Ahora resulta que va a sacar un nuevo pacto en noviembre, eso sí “en estricto apego a la Constitución” “porque tiene todas sus facultades intactas”.

Lo del presidente Santos no tiene arreglo. Ahora resulta que va a sacar un nuevo pacto en noviembre, eso sí “en estricto apego a la Constitución” “porque tiene todas sus facultades intactas”. Como si fuera poco, invita a tres destacados voceros del no -Andrés Pastrana, Martha Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez- excluyendo al más importante promotor de esa opción, el expresidente Uribe. 


Tanto la declaración como el desprecio infringido al ahora senador, están relacionados.  Tiene afán porque el diez de diciembre recibe su premio Nobel y, por ello necesita que el acuerdo esté culminado antes. Sacrificar un mundo para pulir un premio. En realidad, pareciera que le importara un bledo la paz por la que tanto dice luchar. Si le doliera, no intentaría violentar los tiempos, no amenazaría con aquello de sus poderes intactos, ni pretendería sacar a Uribe. ¿De verdad cree Santos que no pasaría nada en el mundo político colombiano y en el país nacional, sobre todo en este último, si impusiera a espaldas del pueblo un nuevo tratado? ¿En serio cree que puede firmarlo sin el beneplácito de Uribe y las gentes que él representa? 


El propio exprocurador Ordóñez dio una pista, al negarse a asistir a la cita en la Casa de Nariño, porque el Centro Democrático no fue invitado. La estrategia de dividir a la oposición no le funcionará, porque ese partido es la fuerza principal del no. 


Y tampoco le funcionará validar el acuerdo, con apenas retoques, que es lo que desea, a través del Congreso y la complicidad de la Corte Constitucional, por dos razones: primera, porque la indignación de los ciudadanos se haría sentir a lo largo y ancho del país, comenzando por las víctimas de las Farc, siguiendo por los que creen que no debe haber impunidad para esa organización; por los que sienten que nuestro territorio se inundó de narcotráfico; por  los que piensan que lo pactado en La Habana acaba con nuestro estado de derecho y que está teñido de ideología de género; y por los que están convencidos -unos desde antes y otros, ahora-  que lo entregado a las Farc lo vamos a pagar los colombianos con ésta y las otras reformas tributarias que se necesitarán para ello. Todo eso terminará con la poquísima gobernabilidad que le queda al presidente. El escenario social será cada vez más explosivo. Como ahora, en Venezuela (a propósito, los ciudadanos están horrorizados por el silencio de Santos ante las últimas medidas dictatoriales de la camarilla que dirige Venezuela, y se preguntan, incluidos, muchos de los que votaron afirmativamente el plebiscito, si ese será el futuro que nos espera con un país manejado por las Farc gracias a las gabelas que les dio Santos para que llegaran al poder). Y para el colmo, creyendo estúpido al pueblo, ahora cambia las condiciones de diálogo con el Eln, exigiendo que éste libere sólo a Odín Sánchez, dejando indefensos a los otros secuestrados de ese grupo, que tiene la desfachatez de decir que ellos cobran impuestos, como la hace el Estado. 


Segundo, porque hasta las Cortes y la Fiscalía han expresado públicamente sus inquietudes al acuerdo de La Habana -gracias al triunfo del no, pues sus peticiones no fueron escuchadas a pesar de que las enviaron por escrito - y porque hay sectores en el parlamento dentro de la Unidad Nacional, entre ellos, Cambio Radical, el partido del mismísimo vicepresidente, que han expresado sus objeciones. 


Si los operadores judiciales han manifestado reparos, difícilmente la Corte Constitucional le dará vida jurídica a lo que el gobierno pacte con sus socios de las Farc, si al menos no tienen en cuenta sus pretensiones; y el Congreso, lo mismo: la aplanadora ya no le funcionaría, menos ahora, que Santos no tiene mermelada y que ha comenzado la campaña electoral dentro de las filas del gobierno, con Vargas Lleras desmarcándose cada vez más del redil (recuerden su diatriba contra los impuestos que afectarían la vivienda social, base de toda su próxima campaña electoral).


Y a esto súmesele que un cada vez mayor grupo de líderes de los países democráticos rechazaría el golpe de estado que Santos estaría tramando contra el soberano. La puesta en escena de este fin de semana en Cartagena, en la Cumbre Iberoamericana, no le servirá. No podrá pulir su premio sacrificando nuestro mundo. 


Colombia no está para que le impongan un pacto. Si lo hace, evitando porfiadamente un consenso amplio, especialmente con todos los ganadores del plebiscito, sólo conseguirá llevarla al despeñadero.