Columnistas

Polarizaci髇 y estigmatizaci髇
Autor: Alfonso Monsalve Sol髍zano
27 de Mayo de 2012


Hay polarizaci髇. Es cierto. Pero no ha sido causada por los que disienten, sino por el abandono de la seguridad democr醫ica y la voluntad pol韙ica de ganar militar y pol韙icamente la confrontaci髇 -en lo que se hab韆 avanzado de manera evidente-

Hay polarización. Es cierto. Pero no ha sido causada por los que disienten, sino por el abandono de la seguridad democrática y la voluntad política de ganar militar y políticamente la confrontación -en lo que se había avanzado de manera evidente- por una política de negociación con los grupos armados de extrema izquierda, que implica, a pesar de todo lo que dicen, perdón y olvido, mediante amnistías para criminales de guerra y de lesa humanidad, y su capacidad posterior de participar en política.


La estrategia del presidente es estigmatizar al opositor hasta el cansancio, usando la mayoría de los principales medios y apoyándose en escritores de opinión, que por una u otra causa, detestan a quien lidera dicha oposición, o comparten la propuesta del gobierno.


Un giro tan dramático tenía que causar preocupación entre quienes eligieron a Santos, pensando que continuaría con la política de seguridad democrática, y haciendo uso de la ya relativa libertad de opinión que hay en el país, han criticado esa actitud, con argumentos. La respuesta del presidente, desafortunadamente, no ha sido una sustentación coherente y razonable de la política gubernamental, sino el uso de argumentos ad hominem (contra la persona), tildando a quienes se atreven a cuestionar la actual estrategia como miembros de una supuesta “mano negra” de extrema derecha, y últimamente, de “tiburones”.


El problema es que no define la extrema derecha, ni dice quienes la componen, sino que lanza esa calificación a todo aquel que no concuerda con el acto legislativo llamado “marco jurídico para la paz”, o discrepa de otras políticas, como la de las relaciones internacionales, para citar dos casos. Adjetivando de esa manera, no sólo se elude el debate sino que se señala como enemigos atroces y solapados, a los opositores, dispuestos a cualquier crimen para hacer valer su opinión. El resultado no se deja esperar: se atenta contra la vida de Fernando Londoño, connotado opositor, y asesinan a dos de sus colaboradores, porque los matones aprovechan la ocasión para justificar su atentado con el argumento de que se trata de un hombre de extrema derecha, que por inducción debe ser de la “mano negra”.


Todo el que se atreva a contradecir y oponerse a las actuales políticas del gobierno queda señalado de miembro de esa supuesta organización etérea  y sin soporte empírico. Pues no: defender la soberanía del Estado en el territorio, no es un asunto de izquierda o derecha, es un tema que atañe a la existencia misma del Estado, especialmente, al democrático. Sin seguridad no hay derechos civiles y políticos, y por supuesto, no podrá haber “prosperidad para todos”. Obsérvese que desde distintas vertientes ideológicas, Londoño y Vivanco, de HWR, concuerdan en el rechazo al famoso marco jurídico, que se aprobó a pupitrazo en el sexto debate de la Cámara, el día del atentado contra Londoño, con la más absurda de las tesis: que nada ni nadie impediría la vocación de paz en Colombia, es decir que la amnistía y la negociación política  con criminales que han cometido delitos atroces, es un acto de valor, cuando lo que implica es poner de rodillas al Estado democrático, incluso antes de comenzar la “negociación”.


Cuando el país señaló contundentemente a los responsables, la estrategia gubernamental fue poner un manto de duda sobre la autoría; pudo ser la extrema derecha, o sea, “la mano negra”, dijo Santos, para sabotear un posible proceso de paz, y calló al general de la policía que tenía elementos para saber lo que decía, haciéndolo retractar en público.


Y cuando las Farc asesinan a doce militares en la Guajira, y huyen hacia Venezuela, aparece el presidente en televisión diciendo que habló con Chávez, quien le garantizó que le daría “plomo” a cualquier grupo  ilegal que se asiente en Venezuela. Si no fuera tan dramático, sería un chiste. Pensar que el dictador llevará  a las Farc y al Eln a negociar, es olvidar la historia. El costo político si ocurriera, sería inmenso: el comienzo de la “bolivarianización” en Colombia y la construcción del socialismo del siglo XXI. Pero claro, estas opiniones son lucubraciones de la extrema derecha.