Columnistas

No más tragedias mineras en Amagá (2)
Autor: José Hilario López A.
26 de Noviembre de 2014


En pasada columna esbozamos los fundamentos de lo que debería ser un estudio geológico, minero y ambiental, que permita ordenar la explotación del carbón en Amagá con seguridad para los trabajadores y pobladores de la zona.

En pasada columna esbozamos los fundamentos de lo que debería ser un estudio geológico, minero y ambiental, que permita ordenar la explotación del carbón en Amagá con seguridad para los trabajadores y pobladores de la zona. La urgencia de este ordenamiento se debe entender  no sólo como un problema de un municipio abandonado, sino también por las afectaciones que trascienden  a la ciudad de Medellín y municipios del sur del Valle de Aburrá y a la industria regional.


Veamos primero el riesgo que significa para los mineros y pobladores de la zona la presencia de minas abandonadas sin haber cumplido con la exigencia de un cierre técnico, como sucede con casi todas las minas de la Cuenca de la Sinifaná, en especial de la zona donde se han presentado las más recientes tragedias en Amagá. Además de subsidencia, o sea del hundimiento y deslizamientos de los terrenos por encima de las minas abandonadas, la inundación de los socavones conlleva el debilitamiento de la resistencia de las rocas, y con ello la propensión a  generar también deslizamientos en superficie en una zona densamente poblada, donde se asientan la mayoría de las familias de  los trabajadores  mineros. Este riesgo y la seguridad de los trabajadores no se resuelve con el sólo cierre de las minas, exige todo un plan integral de  ordenamiento y rehabilitación, con acciones de carácter técnico, social y económico, que deben ir más allá del cortoplacismo, que es lo que tratamos de poner en discusión con estos escritos. 


El dolor por la reciente muerte de los mineros y la desesperanza de sus familias,  queda relegado por la suerte de cerca de 520 familias que quedan sin un sustento económico, debido al cierre de un  grupo de minas que están en situación de alto riesgo. A su vez, esta situación enmascara  lo que viene sucediente en los últimos 20 años en los municipios de la Cuenca del Sinifaná y con mayor incidencia en Amagá y Angelópolis: un acelerado debilitamiento y deterioro  de la minería, que se resiste a morir definitivamente al no existir otra  opción laboral que la sustituya, lo que se refleja en la pérdida de la calidad de vida de la población, en el incremento de las bandas criminales y en general en un proceso acelerado de descomposición social.  


La producción  de carbón en los municipios de la Cuenca de la Sinifaná en la década de los 90’s, superaba el millón de toneladas anuales como producción declarada, mientras que en los dos últimos años la  misma la producción no ha alcanzado las 160 mil toneladas anuales, una reducción del 85% que muestra además de la abismal caída de la explotación de tipo empresarial, el incremento de actividad informal y consecuente inseguridad para los trabajadores, así como  deterioro ambiental generalizado.  Esto se explica por el hecho económico, que a veces se pasa por alto, como es la sustitución del carbón por el gas natural como combustible para la  industria en el Valle de Aburrá.


 Esta sustitución obedece a una política de incentivos al gas natural que comercializa EPM, sin importar el impacto social y económico a nuestra población que en más del 80% depende, directa o indirectamente, de la minería del carbón. Sería interesante saber que está pensando EPM con el inicio de importaciones de gas de Venezuela, ante la insuficiencia de la producción nacional para atender la demanda interna, según anuncio del Ministro de Minas y Energía  en el reciente Congreso Nacional de Infraestructura en Cartagena.


En nuestro concepto la crisis humanitaria que se vive en la Cuenca de la Sinifaná, en especial en el Municipio de Amagá, requiere un tratamiento de desastre social y económico, con amplias repercusiones ambientales y de riesgo geológico, para lo cual  urge la creación de una Zona de Reserva Minera como lo está reclamando el Señor Alcalde de nuestro municipio. El Gobierno Nacional debe entender que estamos ante una situación de desastre y tragedia humanitaria, que amerita un tratamiento semejante al que se le dio a las zonas  afectadas por la ola invernal del 2010, vale decir abordando el problema con un Macro Proyecto que involucre, no solo la rehabilitación y ordenamiento de la minería del carbón y las acciones de mitigación del riesgo geológico por deslizamientos, sino, y lo esencial: la promoción proyectos productivos alternativos a la explotación del carbón.  Seguiremos con este tema en próximas columnas.