Columnistas

La debacle
Autor: Sergio De La Torre
24 de Enero de 2015


En medio de tanta zozobra como reina en Venezuela es de buen augurio que Capriles abandone sus cuarteles de invierno, donde se recluyó cuando los estudiantes, secundados por el sector más radical de la oposición, el año pasado emprendieron aquella grandiosa movilización que ya es leyenda por su arrojo y tenacidad.

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En medio de tanta zozobra como reina en Venezuela es de buen augurio que Capriles abandone sus cuarteles de invierno, donde se recluyó cuando los estudiantes, secundados por el sector más radical de la oposición, el año pasado emprendieron aquella grandiosa movilización que ya es leyenda por su arrojo y tenacidad. Y que terminó sofocada por la confluencia de tres factores adversos: la fría, despiadada represión gubernamental, las vacilaciones del propio Capriles y el ala moderada que representa y la progresiva, subsecuente fatiga o desazón de los manifestantes que, ya desfallecidos, abandonaron las barricadas y suspendieron las marchas.


En esa memorable ocasión faltaron unidad y decisión adentro, pero también faltó solidaridad afuera. Los jóvenes pudieron desvirtuar la imagen que el mundo se había forjado del venezolano como un pueblo reblandecido por la bonanza petrolera, que lo hizo rico de la noche a la mañana merced al azar de la geología, procurándole un bienestar (o confort, para emplear el vocablo al uso allá por entonces) del que jamás gozó ninguna otra nación en Latinoamérica. Confort que muy pronto se transformó en ocio, ejercitado por 5 generaciones, sin contar a la actual, que ha soportado la destorcida que le cayó al país por culpa del derroche continuo, la lenidad desembozada, la no aplicación de la renta petrolera (a la manera de México o Noruega) en el desarrollo y la autosuficiencia y, para rematar, del derrumbe de los precios en los últimos meses. En las últimas 7 décadas los venezolanos, para subsistir, como cualquier otra persona en la vecindad, no tuvieron que trabajar. Los dólares les llovieron como maná del cielo. Con el agravante de que, perdido el hábito del trabajo, también perdieron el brío político que los caracterizó antes de la bonanza, y en sus comienzos, y del que hubo muestras tan elocuentes como, primero, el derrocamiento en 1958 del dictador Pérez Jiménez, y luego, transcurridas 4 décadas, el célebre “Caracazo” contra Carlos Andr és Pérez: una larga, masiva revuelta en las calles contra el desastroso manejo económico del gobierno, que, salpicado de corrupción, desmejoró enormemente las condiciones de vida de la población. Aquí huelga advertir que en tales episodios, ni por asomo se registró la mortandad escalofriante que hubo en las protestas del año pasado. Que constituyeron una batalla desigual, singular, con ribetes homéricos de gesta malograda, pero gesta al fin y al cabo, que le devolvió a la ciudadanía la confianza en su capacidad de resistir y luchar, y la disposición a cuestionar un régimen cualquiera, por tiránico y hasta sanguinario que fuere, desde la plaza pública, pacíficamente, desafiando la cárcel o las furtivas balas. Esa batalla de varias semanas, pese a los tantos jóvenes caídos o encerrados, la ganó la oposición y la perdió el gobierno, que mostró su fragilidad política al recurrir a la fuerza para restablecer un silencio que no es mas que calma chicha y expectante.


Ahora se espera la repetición, pero en mejores condiciones para la oposición que, ya contando, según cuentas, con Capriles, busca reunificarse. Importa mucho, pienso yo, no desestimar la calle como escenario principal de lucha. Es ahí donde se han librado y ganado todas las batallas democráticas en Venezuela y en el mundo. Las elecciones parlamentarias cuentan, pero cuando se sabe que están diseñadas por la misma ley para que las gane el oficialismo aun perdiéndolas, o para robárselas en la hipótesis de que ocurra lo contrario merced a una avalancha de votos que, rompiendo el diseño aludido, desborde los cálculos del régimen. El énfasis hay que ponerlo entonces en la calle. Los vientos que soplan hoy no son los mismos de ayer, sino más propicios. El presidente Maduro, falaz e inepto a la vez, como ningún otro en el continente, tiene su tiempo contado. Su caída, por renuncia voluntaria o porque sus propios camaradas, asustados y aburridos, lo tumben, será una buena señal, no importa lo que venga luego, que no podrá ser peor de lo que hay.




Comentarios
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juan
2015/01/25 09:41:08 pm
MI DIOS LOS BENDIGA, ME ENCANTA LEER ESTE DIARIO, ES MARAVILLOSO, AMENO, INTERESANTE, MUY IMPARCIAL, ADEMAS SE LO DEDICAN , EN SU MAYORIA AL APROVINCIA, FELICTACIONES, SUS COLUNNISTAN SON BUENISIMOS, PROFUNDOS, EFECTIVOS, SUS EDITORIALES, CONTUNDENTES, LO QUE MENOS LEO: DEPORTES, PERO SON MUY COMPLETOS, ME GUSTARIA ESCRIBIR SOBRE EL BAJO CAUCA, YA QUE ADMIRO AL DR ANIBAL, DE SU GOBERNACION RECIBIMOS EL MAYOR APOYO VIAL, PAVIMENTO LA VIA A NECHI, A ZARAGOZA, ES DECIOR, DESEMBOTELLO LA MOJANA, EL MAYOR TERRITORIO EN FERLIDAD, 400 MIL HECTAREAS, CABEN , ALLI EL VALLE DEL CAUCA Y URABA, VARIAS VECES, RIQUISIMO EN AGRO Y MINERALES, QUE PIDE A GFRITOS, INFRAESTRUCTURA, eael dr anibal, empeso, TAMBIEN CON EL FINADO DR GUILLERMO, TUBE MUY BUENA AMISTAD, YO LE PEDI TRAER MANA A CAERES Y TARAZA Y ME HISO CASO, MILES DE NIÑOS DESNUTRIDOS, TAMBIEN LEIA Y RECIBIA CORREOS DEL AMIGO DR JORGE MEJIA MARTINEZ, ES HASTA PARIENTE Y NO HE PODIDO LOCALISARLO, FAVOR SALUDARLO Y QUE BUELVA A ESCRIBIR, ES MUY INTERESNATE Y AMENO, CORDIALMENTE, JUAN GUILLERMO