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I+D+i, entre el dicho y el hecho
Autor: Alfonso Monsalve Sol髍zano
10 de Abril de 2011


La asociatividad para generar sinergias, se impone. El punto es que en Colombia, al menos es mi opini髇, no se ha podido de manera sistem醫ica y masiva llevar esta actividad a esas empresas porque no existe la cultura de la asociatividad.

Hoy se habla de innovación en Colombia y, en efecto, se ha avanzado en este campo. Se creó la ley que le dio estatus a las actividades de Investigación, Desarrollo Tecnológico e Innovación , I+D+i, que dirige Colciencias, con la conversión de ésta en Departamento Administrativo, el cual por fin está cambiando la estrategia de las convocatorias para que apunten a la formación o el fortalecimiento de las empresas, mediante proyectos de innovación asociados a grupos de investigación y parques tecnológicos; también es positivo el Fondo Francisco José de Caldas, contemplado en esa ley, que permite manejar en una bolsa los recursos en I+D+i; que se diseñó una estrategia para regionalizar esta actividad; que se impulsó de manera significativa la formación de investigadores, etc. Y por último, el anuncio de enorme trascendencia, del presidente Santos de comprometerse a impulsar la locomotora de la innovación como una de las estrategias de desarrollo el país.


Pero el hecho es que todavía nos falta dinero, organización, mentalidad y capacidad de relacionamiento con el extranjero. Este año, los recursos de Colciencias son pocos, y los recursos provenientes de las regalías –el 10%- apenas se están ventilando. Ojalá podamos disponer de ellos en el 2011, porque de lo contrario, la frustración generalizada dará un golpe fatal a las actividades I+D+i, a pesar de que aun con esos recursos, más los que se arrastrarían del sector privado y otras fuentes de financiación, no alcanzaríamos todavía una inversión del 1% en estas actividades dentro del PIB nacional, que es la meta fijada por Santos.


La regionalización es un paso en la dirección correcta porque apunta a desarrollar emprendimientos de acuerdo con los recursos y las fortalezas económicas, prioritarios de las regiones. Esta política tiene la clara intención de descentralizar el conocimiento y la economía ligada a éste, que es lo que hacen los países exitosos en estos procesos. Pero aun queda el cuello de botella de que el capital humano necesario para lograr este objetivo, dificilmente se va a lugares de atraso económico relativo, por lo que será imposible superarar durante un largo tiempo la concentración del conocimiento en los tres o cuatro lugares que lo poseen en alguna escala apreciable (Bogotá y Medellín, de lejos; Cali y Barranquilla, de alguna manera).


Cómo manejar esta asimetría será crucial para la regionalización, porque un polo de desarrollo de base tecnológico requiere de concentración de investigadores, calidad de vida para éstos y sus familias, conectividad física y en el ciberespacio, entre otras cosas. A esto se agrega que los gobiernos locales y regionales con contadas excepciones, como los nuestros, apenas sí invierten en I+D+i, cuando eso es lo corriente en otras latitudes.


Hay un asunto cultural importante. La mayoría de las empresas colombianas son pymes que, por consiguiente, no tienen recursos suficientes apara trabajar en I+D+i. La asociatividad para generar sinergias, se impone. El punto es que en Colombia, al menos es mi opinión, no se ha podido de manera sistemática y masiva llevar esta actividad a esas empresas porque no existe la cultura de la asociatividad.


Finalmente, hay formas organizativas con tradición, especialmente en Medellín, pero ya es hora de que se planteen si su esquema organizativo todavía está vigente o si se requiere dar un paso adicional, como el de los polos de competitividad que funcionan en Francia, con quien no hemos podido firmar un convenio con el Oseo, encargado de financiar proyectos empresariales de base tecnológica.