Columnistas

Desde aquel 1968
Autor: Lázaro Tobón Vallejo
1 de Septiembre de 2016


Desde aquel mayo de 1968 en París, cuando la masa estudiantil inició la revuelta conocida como el Mayo Francés, en procura de cambios sustanciales en el modelo educativo galo,

Desde aquel mayo de 1968 en París, cuando la masa estudiantil inició la revuelta conocida como el Mayo Francés, en procura de cambios sustanciales en el modelo educativo galo, contra la derecha, el modelo económico sustentado en el capitalismo y la guerra vietnamita, a la que se les unieron los trabajadores, los estudiantes han sido protagonistas importantes en la dinámica del cambio en las sociedades del mundo. La revuelta terminó con la renuncia del primer ministro, Pompidou. En abril del año siguiente, el presidente Charles de Gaulle convocó a alecciones para consultarle al pueblo francés sí quería que él siguiera o no. La respuesta de los votantes dictaminó su salida del Palacio de Eliseo.


Ese movimiento se fue regando como verdolaga en playa en Asia, África y Latinoamérica. Influenciados ideológicamente los estudiantes por la izquierda, que lentamente fue penetrando en las instituciones de educación superior pública, arengaban contra todo lo que oliera al Tío Sam, el imperialismo, la oligarquía y el colonialismo (claro que por ahí anda un presidente al que le hablan los pájaros, con ese discurso sesentero). Conexo con las protestas antiyanquis, los estudiantes claman por su libertad sexual, y con ella el consumo de drogas, como factor liberador. 


Las hormonas fogosas de los estudiantes (normales en ese período vital) fueron carcomiéndose las bases del discurso ideológico por un discurso agresivo soportado en acciones bélicas contra los representantes del status quo, hasta el punto, como es en el caso colombiano, de poner entre la espada y la pared a las principales universidades del país: Nacional, de Antioquia, del Valle, UIS, entre otras, e incluso algunos colegios entraron en esa onda. El dilema de continuar con su oferta educativa o cerrar a causa de los paros era el pan de cada día.


Para medio apaciguar los ánimos, dentro de las universidades se hicieron reformas importantes en el campo estatutario; ellas, hasta el presente, han contribuido a mantener en tensa calma el ambiente universitario público; tanto así, que apenas en el segundo milenio, la Nacional modificó en 2008 el que tenía vigente desde 1977 (31 años), y otras como en la UIS que tienen dos, el académico con una vigencia de 34 años y el disciplinario 2 años; en la U de A, el Reglamento Estudiantil tiene 35 años. Sin que decir de la Ley General de Educación en Colombia con 22 años. Normas que de forma imperativa deben ser actualizadas, bajo el nuevo orden de la educación global, no entregadas al servicio de la globalización, pero sí adaptándose a las dinámicas que ella trae consigo.


La firma del fin del conflicto en la Habana, pone el discurso sesentero en el ostracismo, con la esperanza que los movimientos de los estudiantes actualicen el “chip” y en vez de ser talanqueras para el desarrollo universitario e intelectual de la sociedad se conviertan en verdaderos medios generadores del cambio, sustentado en la capacidad de la palabra argumentada y no con las voces de las armas de fuego y petardos. Colombia lo necesita.