Columnistas

Aumento de la nómina oficial con profesionales no docentes
Autor: Carlos Arturo Soto Lombana
11 de Agosto de 2015


Según datos proporcionados por el MEN, el 25% de la nómina oficial está ocupada por profesionales no docentes; este porcentaje tiende a aumentar con las nuevas medidas que el Gobierno Nacional ha dado a conocer recientemente.

carlos.soto@udea.edu.co


Según datos proporcionados por el MEN, el 25% de la nómina oficial está ocupada por profesionales no docentes; este porcentaje tiende a aumentar con las nuevas medidas que el Gobierno Nacional ha dado a conocer recientemente. Una de estas medidas está consagrada en el artículo 222 del Plan Nacional de Desarrollo (Decreto Ley 1753 de 2015) que da un plazo perentorio de dos años para que todos los programas de pregrado en educación obtengan la acreditación de alta calidad. 


Por otra parte, el MEN ha socializado un proyecto de resolución que tiene como fin definir los nuevos lineamientos de calidad de los programas de licenciatura que ofrecen las instituciones universitarias públicas y privadas del país. Esta iniciativa que en principio es bienvenida, y que debe alinearse con lo dispuesto en el Plan Nacional de Desarrollo, deja un interrogante sobre la manera en que se conformarían a mediano y largo plazo las plantas profesorales de las instituciones educativas oficiales de Colombia. 


El mencionado proyecto de resolución deja por fuera un inmenso número de programas de pregrado con denominaciones importantes en el campo de la formación de profesores en el contexto de la educación media. Licenciaturas con las siguientes denominaciones desaparecerían: Química, Física, Biología, Historia, Geografía, Tecnología, Filosofía, Deporte, Música, Artes Escénicas o Teatro, Artes Visuales, entre otras. La entrada en vigencia de mencionado proyecto de resolución desaparecería de un plumazo el 80% de los programas de pregrado con acreditación de alta calidad que actualmente ofrece la Universidad Pedagógica Nacional, institución insignia de la educación en Colombia; además muchas universidades públicas y privadas denominadas de carácter regional, tendrían que cerrar muchos de sus programas en educación.


Hay quienes consideran que la disminución de la oferta de programas en educación en las áreas de las ciencias naturales (química, física y biología) y de las ciencias sociales (historia, geografía y filosofía) se verá compensado por el ingreso a la nómina oficial y privada de un mayor número de profesionales egresados de las facultades de ciencias exactas y naturales, ciencias sociales y humanas e ingenierías. En el imaginario de personalidades con gran influencia en la esfera de la política pública, se considera que es mejor tener un Matemático, e incluso un Ingeniero, que un Licenciado en Matemáticas al frente de los procesos de enseñanza y aprendizaje de las matemáticas de niños y jóvenes en el aula de clase. Es posible que este proceso de reconfiguración de la nómina de docentes se de en el contexto de las grandes ciudades, no obstante, en el contexto rural la realidad es otra. 


Para apreciar lo anterior tomemos el caso del Departamento de Antioquia; según datos de la Secretaría de Educación y Cultura, la nómina oficial de este ente territorial que tiene bajo su responsabilidad 117 municipios no certificados está cercana a los 19.500 profesores. En esta nómina el porcentaje de los profesionales no docentes escasamente alcanza el 3%, muy lejos del promedio nacional. Como datos interesantes para mostrar, se encuentra en la nómina del Departamento de Antioquia los siguientes profesionales: 27  biólogos, 7 químicos, 4 físicos, 4 matemáticos, 7 bacteriólogos, 12 trabajadores sociales, 234 ingenieros, 25 zootecnistas, 51 administradores, 5 arquitectos, 33 sociólogos, 41 psicólogos, 9 periodistas, 23 economistas, 17 contadores.


Los anteriores datos lo que muestran es que el crecimiento de la proporción de profesionales no docentes en la nómina oficial es una tendencia que se puede apreciar en el contexto urbano pero no en el contexto rural. La explicación es muy sencilla y está relacionada con los nulos incentivos, tanto monetarios como de posibilidades de formación posgraduada, para ejercer la docencia en el contexto rural. El asunto es tan dramático que incluso los licenciados que se forman en las facultades de educación de las grandes ciudades no ven como destino laboral el contexto rural.


Resulta paradójico que mientras se dice que Colombia requiere aumentar su masa crítica en ciencia y tecnología con un mayor número de científicos de las ciencias exactas y naturales, ciencias sociales e ingenieros para producir ciencia e innovación de vanguardia, por otra parte se considere que sean estos mismos profesionales los que deben ocupar las plazas docentes en la educación básica y media. Por supuesto que los incentivos para trabajar en el sector de la ciencia, tecnología e innovación no se comparan con los bajos salarios que se ofrecen en el sector del magisterio estatal.


Decisiones de política pública como la contemplada en el Plan Nacional de Desarrollo y con el proyecto de resolución para aumentar los estándares de calidad de los programas de pregrado en educación, deberían tener un sustento realista sobre la configuración del sistema educativo nacional, el recurso humano formado en diferentes áreas de conocimiento y los desafíos del contexto rural que requerirá políticas agresivas para atraer el mejor recurso humano, independiente del área de formación, para que se articule a la promoción del desarrollo regional.