Columnistas

Aida Avella abogada de Nicolás Maduro
Autor: Eduardo Mackenzie
29 de Agosto de 2015


Ya es hora de exigir que Nicolás Maduro sea sacado del tinglado de La Habana. El presidente Juan Manuel Santos tendrá que retirarle al sangriento dictador la condición de “garante del proceso de paz”.

Las declaraciones de Aida Avella a sus amigos de Bogotá, a través de un órgano de prensa del grupo Unión Patriótica, sobre lo que está ocurriendo en la frontera entre Colombia y Venezuela, son indecentes. Ella deforma las motivaciones de los colombianos que durante años se fueron radicando en Venezuela. Oculta que la mayoría de ellos decidieron instalarse allá en una época en que la economía de Venezuela era más próspera que la colombiana por la inmensa renta petrolera, antes de la catástrofe económica causada por las políticas colectivistas de Hugo Chávez y de su sucesor Nicolás Maduro que acabaron con esa riqueza y con la tranquilidad social de ese país.


Quien no conoce a Colombia y lee la declaración de Aida Avella  podría pensar que nuestro país es o fue una dictadura que expulsaba a los más pobres y que utilizaba “hornos crematorios” para exterminar a las clases populares. Ella dice que las familias que emigraron fueron “despojadas de todo cuanto poseían” antes de irse al paraíso venezolano. Mentira. Esa representación nada tiene que ver con la realidad de los procesos emigración/inmigración entre los dos países. Es una construcción fantástica de alguien que, para engañar a su electorado, juega con la simbología de genocidios ocurridos en Turquía en 1915, y en la Europa ocupada por Hitler durante la segunda guerra mundial.


Avella defiende en esa entrevista la abyecta dictadura de Nicolás Maduro. Dice que “Venezuela ha sido determinante para el proceso de paz” de Colombia, y que Maduro, “como garante” de ese asunto “ha jugado un importante papel”. Falso. Las dictaduras de Chávez y Maduro han ayudado a las Farc exclusivamente en ese obscuro proceso “de paz”, y a nadie más.  


Ya es hora de exigir que Nicolás Maduro sea sacado del tinglado de La Habana. El presidente Juan Manuel Santos tendrá que retirarle al sangriento dictador la condición de “garante del proceso de paz”. Ese papel de “garante” es bochornoso e insostenible. Ahora más que nunca ese fardo contribuirá al hundimiento de las llamadas negociaciones en La Habana. El hombre fuerte de Caracas, deportador violento de miles de colombianos, nada tiene que hacer en negociaciones “de paz”. Él es un mandatario brutal que no sabe nada de la paz. Maduro no es neutral, ni equilibrado. Es un enemigo de Colombia y un peligroso conspirador contra el sistema democrático del continente.


Lo está demostrando con esas expulsiones masivas, injustificadas e infames, con las golpizas cobardes que le propina a jóvenes inermes colombianos mediante su soldadesca. Esos atropellos repugnantes, cuyas imágenes circulan en internet, muestran que la motivación de Maduro es una sola cosa: el odio que él siente contra un país que no quiere plegarse a los dictados de Caracas y de La Habana. Maduro nació en Colombia pero ocultó ese hecho para poderse encaramar al poder. Esa mentira hace parte del coctel tóxico que lo lleva a odiar tan profundamente a los colombianos. En eso Maduro recuerda a Lenin y Stalin, sus grandes mentores políticos, quienes odiaban, como Marx y Engels (ver sus textos de 1849 y1852), a ciertas nacionalidades europeas para las cuales recomendaban el exterminio. Stalin no disimulaba su odio contra los poloneses, contra los judíos (lo que él llamaba “cosmopolitismo sin raíces”), contra los cosacos y contra los habitantes de los países bálticos, entre otros.


El odio comunista que llevó a la deportación y a la muerte a millones de personas en tantos países está en semilla, con Maduro, en Venezuela. Lo que ocurre en la frontera no es causado únicamente por un acceso de xenofobia de ese mandatario. Si no lo paran el volverá a cometer nuevos crímenes.


 La líder de la UP, repite la cantinela de Chávez y Maduro acerca de “la  presencia de paramilitares colombianos en Venezuela” y evoca el otro “gran problema”: el “contrabando de gasolina que a diario llega a Colombia”. Según ella esos son los factores de la crisis fronteriza. Hay que disculpar a Maduro. Aida Abella olvidó un detalle: los cuarteles y depósitos de armas que tienen las Farc en Venezuela y los abusos y crímenes que la organización narco-guerrillera ha cometido contra los venezolanos. Curiosa memoria selectiva la de la activista de la UP.


Aida Avella rompe todos los records del cinismo al acusar a Colombia de ser la causante del “desabastecimiento” y de “la crisis alimentaria en Venezuela”. Ella repite la excusa inventada por los ineptos mandones de Caracas: que no hay alimentos en Venezuela pues “la oligarquía” se los llevan en camiones a Colombia. La jefe de la UP niega lo que es evidente: que  la crisis alimentaria y el desabastecimiento, así como el desempleo y la inseguridad urbana, y la miseria médica-hospitalaria de Venezuela, es causada por las políticas irracionales de Chávez y de Maduro. La crisis social, moral, médica, alimentaria, económica y financiera de ese gran país petrolero se debe a las decisiones incoherentes de los dos gorilas que, por puro fanatismo ideológico, hace 15 años destruyen a Venezuela. Se debe también al saqueo económico deliberado que Cuba realiza a diario contra las riquezas y potencialidades  económicas de Venezuela. Aida Avella, una protegida de ese sistema inicuo, pretende ocultar todo eso. Lamentablemente escogió el peor momento para lanzar tales mentiras. Es obvio que la represión anti colombiana  desatada por Maduro, impune hasta ahora, se la cobrarán a ella los electores de Bogotá.