Presidente, ¿cuáles gastos de representación?  

Autor: Rubén Darío Barrientos
20 septiembre de 2019 - 12:00 AM

Estamos ante una falacia, al aseverar que el presidente incurre mensualmente en gastos de representación.

Medellín

Rubén Darío Barrientos

Estuve leyendo en Portafolio (18/09/19), página 9, los salarios de los altos funcionarios del país. Y me encuentro de primero al presidente de la República, con estas cifras locas: Asignación básica de $ 7.916.660 y Gastos de representación de $ 28.148.135, para una sumatoria de un ingreso mensual de $ 36.064.795. Antes de analizar otros salarios encopetados, tengo la siguiente inquietud: ¿Cuáles gastos de representación? La sentencia 35771 de la Sala Laboral de la H. Corte Suprema de Justicia (1 de febrero de 2011), hizo la siguiente definición: “Los gastos de representación están destinados a permitir que se represente a la empresa ante clientes, proveedores o ante el público. Atañen por lo general a las relaciones públicas y persiguen un beneficio comercial, empresarial o de imagen del empleador, hacia el futuro”. Y la Corte Constitucional (sentencia C-250 de 2003), dictaminó que “los gastos de representación no se entregan al trabajador como retribución por su trabajo sino para que los utilice con un criterio de buena fe en expensas propias del objeto de la empresa o de la entidad”.

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Después de leer estos apartes de sentencias, con más razón que un diablo, se pregunta uno: ¿Cuáles gastos de representación debe acarrear un presidente de la república? ¿Quién siquiera le cobra un tinto o el valor de una aromática al primer mandatario? ¿Cuándo ven al presidente metiéndose la mano al dril para pagar alguna cuenta? ¿Quién puede imaginar a un presidente en un restaurante pagándoles la invitación a los amigos? Una definición coloquial en las empresas, se enfila a decir que los gastos de representación son para invitar a clientes a cenar y a cerrar negocios. Por eso el perfil de cargos en la compañías, para ser acreedores a estos rubros son de los gerentes generales, gerentes comerciales o gerentes financieros. Los dos primeros, invitan clientes y cierran negocios bajo estos auspicios y el tercero de los citados, invita banqueros o deudores para acercamientos económicos. Son gastos de representación efectivos y plausibles.

Estamos ante una falacia, al aseverar que el presidente incurre mensualmente en gastos de representación. Pero se le suma otra situación irregular en el ingreso del presidente de la república: el 78% de ese monto, es por gastos de representación y el 22% por salario ordinario. Es un desbalance grotesco. Es sustentable que los gastos de representación no tienen como finalidad remunerar al trabajador ni incrementar su patrimonio, sino compensar los gastos y erogaciones realizadas por éste para poder desarrollar cabalmente sus funciones. Vuelve y juega: ¿En qué gastos incurre el presidente para desarrollar sus tareas? ¡En ninguno! ¿Entonces, por qué esa figura de crear unos hiper-gastos de representación en este cargo? Desde luego, el presidente no fija su escala salarial ni impone la composición de su ingreso. Ahora bien. Hay otra lectura que es simple: los gastos de representación deparan unos robustos beneficios tributarios como, por ejemplo, hacer que la renta salarial sea exenta en un 50% en el caso del presidente. Es una manera de elusión tributaria (¿o será mejor de evasión?)

Si somos, incluso, más incisivos podría hasta considerarse la ineficacia jurídica de una cláusula contractual en las que las partes niegan parcial o totalmente el carácter de salario a lo que verdaderamente es. Debo expresar que el presidente de la república debería ganar muchísimo, pero muchísimo más, dadas la dignidad y la responsabilidad del cargo. Pero debería tener un ingreso salarial no rebuscado con gastos de representación (que son de cero, pero que se exhiben estruendosos). En términos globales, el presidente de Colombia devenga un poco más de USD$ 10.000, el de Canadá USD$ 21.600, el de México USD$ 20.000, el de Alemania USD$ 20.000 y el de Estados Unidos USD$ 33.000, para citar solo algunos. Estoy de acuerdo con que el presidente debería ganar el doble de lo que recibe, pero no con esa mezcla fraudulenta.

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En Colombia, se ven casos arrevesados: el director de la UGPP y el presidente de Colpensiones ganan $ 35 millones (incluyendo gastos de representación y prima técnica), es decir más que su jefe (ministro), que apenas devenga $ 18.2 millones. La vicepresidenta de la república, también sigue la línea del presidente: Global de $ 24.554.384, integrado por asignación básica de $ 6.727.905 y gastos de representación de $ 11.933.427). Impresentable, sin duda. Deberían revisarse por los órganos competentes el salario presidencial y vicepresidencial –y otros de gran calado público– y su composición de gastos de representación. No queda bien desde los altos cargos, hacer esguinces tributarios.

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