La desaparición de lo urbano

Autor: Darío Ruiz Gómez
4 septiembre de 2017 - 12:10 AM

¿Cuánto duró esta ilusión si la burocracia que tenía la misión de afirmar estos planteamientos hacia una nueva ciudad se caracterizó rápidamente por su ignorancia, su falta de profesionalismo y pretendió cubrir sus errores recurriendo a un gigantesco gasto en una publicidad engañosa?

Durante la Edad Media, se escapaba del campo, de la condición de siervos sin derecho alguno a la vida, sometidos a las brutalidades de los grandes señores, para buscar la libertad que ofrecía la ciudad. Desde entonces el concepto de vida urbana se establece sobre los estatutos que reconocen y salvaguardan este derecho, ser un urbanitas es identificarse con los espacios donde se reconoce las gentes en la pluralidad. Es esta conquista la que convierte a la Ciudad en imagen de la libertad, un objetivo que nunca ha perdido vigencia y desde el cual se han justificado conceptos como un urbanismo humano, integrador. Medellín vive en estos momentos un retroceso histórico de dramático alcance ya que lo que en un momento dado pareció constituirse en la aparición de una cultura metropolitana gracias a la consolidación de la moda como una conquista democrática, un logro de todos los grupos sociales y no manifestación del poder adquisitivo de una minoría, como señala Lipovetsky, cuando la ciudad se abrió de fronteras a la presencia de una cultura contemporánea que sirvió para reconocer los logros de nuestro rock, cuando el arte logró alcanzar una expresión generacional y universal, cuando nuestro noche se llenó de las nuevas tipologías de bares y discotecas y se recuperaron la calle y los recorridos, cuando las mujeres de la edad madura conquistaron sus puntos de encuentro, cuando pareció emerger con fuerza una cultura gastronómica, cuando sentimos que nos habíamos alejado de las sombras de la ignorancia provinciana y nuevas experiencias culturales se fueron agregando hasta presentir que habíamos propiciado un ciudadano consciente de estos valores. No pongo en duda que hubo un planteamiento urbano alrededor de las llamados Parques Biblioteca, de una nueva tipología de los edificios oficiales y esto también nos dio la ilusión de estar accediendo a una ciudad integrada capaz de superar las heridas que había dejado la barbarie del narcotráfico. Pero ¿cuánto duró esta ilusión si la burocracia que tenía la misión de afirmar estos planteamientos hacia una nueva ciudad se caracterizó rápidamente por su ignorancia, su falta de profesionalismo y pretendió cubrir sus errores recurriendo a un gigantesco gasto en una publicidad engañosa? Debajo de estos dibujitos, de estos premios comprados ¿qué planificador previó la expansión secreta y mortífera de un cáncer que devoró nuestra economía por lo bajo y que destrozó la continuidad del territorio de calles y espacios públicos imponiendo la fealdad? La aspiración a los espacios de la libertad y el intercambio social se vio rápidamente sustituida por algo tan inhumano como las nuevas Fronteras invisibles y la población confinada en verdaderos campos de concentración. ¿No es escandalosa la inmoral desaparición de los espacios verdes necesarios para la salud y el ocio, las licencias otorgadas para negocios de mala muerte? ¿No es escandalosa la bárbara invasión de motocicletas circulando sin control alguno?

Lea también: Desorden urbanístico e ilegalidad

Este caos descubre una negligencia grave al desconocer que lo prioritario consiste en resolver el escandaloso problema de movilidad que nos está llevando a una crisis nerviosa que ha alterado de manera grave la conducta de los ciudadanos. Hoy la ciudad no es el espacio que nos hace libres sino el panóptico al cual nos someten a los criminales.

 Vea además: La ciudad como memoria individual

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