La Pascua y el misterio de la Resurrección

Autor: Héctor Jaime Guerra León
23 abril de 2019 - 09:00 PM

En todo caso este trascendental acontecimiento religioso nos debe abrir el camino a una gran reflexión sobre nuestro papel en la sociedad y la familia.

Medellín

Héctor Jaime Guerra León

Cuenta la historia que antes de la vida y muerte del gran maestro Jesús, la Pascua era la fiesta con que los Israelitas y, entre ellos, el pueblo judío, conmemoraban su liberación del imperio egipcio después de haber sufrido largos años de cautiverio, trabajos pesados y sólo utilizados en labores serviles y como esclavos, salen de allí y empiezan el largo peregrinaje -el éxodo- en busca de su Mesías, de la tierra prometida, con la esperanza de encontrar una vida mejor.

Lea también: La Semana Mayor. Tiempo propicio para reflexión y cambios

Acontecido el trágico y aleccionador insuceso que diera al traste con la vida de su maestro y máximo guía espiritual, el pueblo cristiano renueva sus creencias y empieza, con la Pascua, a rememorar y celebrar el misterio de la Resurrección; esto es, la vida después de la muerte, es uno de los actos de fe más sagrados y respetados por el pueblo cristiano, dentro el cual obviamente está el católico.

Immanuel Kant, que fue –tal vez- el filósofo más destacado de la Ilustración y el primero y más importante representante del cristianismo en Europa, se refiere al advenimiento de la Resurrección como “aquello que nos está permitido esperar cuando hemos cumplido con nuestro deber”.

En todo caso este trascendental acontecimiento religioso nos debe abrir el camino a una reflexión sobre nuestro papel en la sociedad y familia. Debe ser instrumento útil para que desde el punto de vista que le miremos, apreciemos la significación que tiene hacer un peregrinar productivo durante nuestra existencia, para que nuestra vida sea realmente digna y conduzca también a honrar la de quienes nos rodean y que con nuestros actos busquemos siempre restituir la dignidad humana en medio de un mundo escéptico y confuso que ha encontrado mayores atractivos en lo material que en lo espiritual, donde se presta mayor interés a lo banal y trivial que a lo importante y trascedente para nuestro proyecto ético y misional.

La fiesta de la Pascua nos invita a estar en paz con Dios, pero también con el prójimo, con nuestras familias, con nuestra sociedad y Estado, a cumplir cabalmente con nuestros deberes y responsabilidades en nuestro hogar, en nuestro trabajo, en nuestras vidas; seguros de que –con ello- haremos una gran transformación, una resurrección, a una mejor y más acogedora sociedad, a un sistema político más equitativo, con mayores oportunidades. Como reza el adagio popular, “El que persevera alcanza”, el maestro Jesús perseveró con su ejemplo, constituido en su sacrificio y muerte, para lograr finalmente que su legado perpetuara no sólo su nombre y vida, sino su ejemplar e inagotable amor por la humanidad.

Colombia, y nosotros todos, al igual que los pueblos del mundo, deberemos tomar ese ejemplo, buscando realizar la que fuera una de las más importantes muestras de amor y comprensión por la humanidad, la paz. Exterminar la guerra, acabar con los odios, eliminar el ímpetu de grandeza que a veces nos caracteriza, hacer un alto en el camino en busca de riquezas materiales, para ayudar al desvalido y proteger al indefenso, es desde la época de Jesús y hasta nuestros días, una gran forma de renacer, de resucitar, para renovar nuestras vidas, nuestras fuerzas y ponernos al servicio de causas nobles y justas, poniendo en práctica los principios e ideales que fueron inspirados por nuestro Creador con su Resurrección.

Hay que seguir insistiendo con hechos, no con palabras, con acciones no con promesas, perseverando y trabajando sin desmayo, en busca de la materialización de esa Paz que todos anhelamos y por la que tantos esfuerzos y sacrificios se han malogrado, haciendo hasta hoy imposible que podamos alcanzarla y efectivamente disfrutarla.

Le puede interesar: Los disvalores que enredan la Paz

La Pascua es una fiesta que invita al cambio, no sólo de la vida a la muerte, es también eliminando nuestros errores y renaciendo en mejores y más dignas formas de vivir, buscando corregir nuestras fallas y reivindicando un cambio real frente a nuestros malos hábitos y costumbres, es renunciando a todo aquello que nos esclaviza y deshumaniza, como podemos alcanzar no sólo felicidad, sino también una mejor calidad de vida, una verdadera paz y reconciliación entre todos.

 

Compartir Imprimir

Comentarios:


Destacados

Trabajo campesino
Columnistas /

¿Feliz día del campesino?

Heiner Parra
Ciclismo /

Heiner Parra coronó La Línea y sacudió la general de la Vuelta

Joyería antioqueña
Columnistas /

El opaco brillo de nuestra joyería

Elecciones en Colombia
Columnistas /

¡Juego limpio, señores!

Luis Almagro en la Asamblea de la OEA
Columnistas /

La OEA y el panamericanismo de nuevo calumniados

Artículos relacionados

Justicia por mano propia. Deficiencias del estado y la sociedad
Columnistas

Justicia por mano propia. Deficiencias del estado y la sociedad

El Estado y la sociedad, tienen esa indelegable facultad, a través del andamiaje jurídico, administrativo y político que se ha instituido, para atender y repeler el...

Lo más leído

1
Política /

“No soy el de Fico ni el de Uribe”

Confesiones políticas del aspirante a la Alcaldía de Medellín, Daniel Quintero, quien explica cuál es...
2
Política /

Voy a ganar de una: Valderrama

Así piensa Juan David Valderrama, el primo de Sergio Fajardo, quien se muestra muy seguro que de un solo...
3
Columnistas /

Nido de ratas

¿Había en realidad algún argumento valedero que justificara la equivocada actuación de los...
4
Cazamentiras /

Cadena de WhatsApp que pide donar sillas de ruedas es falsa

Un mensaje en el que se ofrece entregar sillas de ruedas a niños con parálisis cerebral de manera...
5
Cazamentiras /

Corpus Christi, el falso estreno que se hizo viral en redes

Una falsa cadena que llama a boicotear el estreno de la película Corpus Christi en Colombia circuló entre...
6
Columnistas /

Ciudades Innovadoras, ciudadanos viejos

En 1930, la edad promedio de vida en el mundo era 32 años, que es como la nueva adolescencia de la...