Justicia al garete

Autor: Rubén Darío Barrientos
10 enero de 2019 - 09:04 PM

La magistrada antioqueña Gloria Patricia Montoya Arbeláez, de la Sala Civil del Tribunal Superior de Medellín, se lleva el trofeo de ser la más morosa del país.

Un juez de Colombia resuelve al año un promedio de 450 procesos, mientras que uno de los Estados Unidos decide 3.200 negocios, en el mismo lapso. Es una diferencia abismal de siete a uno, que más que penosa es irritante. Pero allí no paran las cosas: en Chile, Brasil y Perú, los falladores superan en cuatro veces el total de sentencias que emiten los togados colombianos. Como adehala, somos la sexta justicia más lenta del mundo (178 entre 183). Juan Manuel Santos, en su momento, dijo que con la llegada de la oralidad, se ubicaría Colombia como uno de los 40 países más eficientes del mundo, en materia de justicia. Y en diciembre de 2017, garantizó que Colombia tendría jueces especializados en casos de corrupción. Nada de ello ocurrió y seguimos sumidos en niveles tétricos.

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El fin de año, conocimos una noticia que deja sin aliento: La magistrada antioqueña Gloria Patricia Montoya Arbeláez, de la Sala Civil del Tribunal Superior de Medellín, se lleva el trofeo de ser la más morosa del país, esto es, la campeona sin rivales. Cursa una suspensión que recibió por tres meses y tiene el “prontuario” de afrontar 26 procesos disciplinarios, excluyendo 16 que se encuentran archivados. En el año 2015, solicitó 24 días de permisos; en el 2016, 30 días de permisos y en el 2017, 20 días de permisos. No hay datos del año 2018. Significa lo anterior, que alberga 74 días de ausentismo laboral remunerado en 2 años y 8 meses. El periodista Guillermo Gómez, quien hizo la investigación, adicionó que si el año tiene 104 días no hábiles, 15 días de vacaciones, 3 días de semana santa y 1 día que no se labora (fecha de la Rama Judicial en diciembre), esta magistrada tiene un año laboral miniatura. ¿Cómo le va a rendir así el batido?

Dentro de las mismas denuncias contra la tristemente célebre magistrada Montoya Arbeláez, se le endilgan 379 procesos rezagados y engavetados, 5 años para resolver apelaciones y trámites que se sitúan en 12 años de quietud. Los propios compañeros de magistratura, se han quejado abiertamente y dicen que “con ella es imposible hacer sala de decisión porque no la ubican para adelantar las discusiones y no hace entrega de los expedientes”. Y algunos han pedido auditorías administrativas para que evalúen su nocivo comportamiento. Y llamó la atención del periodista Gómez, un hecho enfadoso: A ella la reemplazó la doctora Tatiana Villada Osorio, precisamente una persona que no pasó las pruebas de conocimiento, pero que es hija de otra magistrada. ¿Para qué, entonces, las listas de elegibles?

En Colombia, han sido sancionados 60 funcionarios de la Fiscalía y 34 de la Rama Judicial por torcer el curso de los procesos. Hace un año, en Cúcuta, fueron sancionados 2 magistrados de la Sala Laboral y un Juez del Trabajo, por el carrusel de fallos de tutela en detrimento de Ecopetrol ($ 110.000 millones fue el detrimento por favorecer 500 personas). Las condenas fueron de 22 y 21 años de prisión. La exjueza 5a. de Familia de Medellín, Olga Patricia Molina Ramírez, está sindicada de peculado por apropiación en cuantía de $ 1.000 millones (1.030 títulos de pagos irregulares entre 2010 y 2017). El juez promiscuo de El Bagre (Antioquia), Freddy Edgardo Gómez Padilla, fue condenado a 72 meses de cárcel por exigirles dinero a los demandados. NI hablar del cartel de la toga y sus alfiles. Y eso que se traen a colación estos ejemplos, solo por ilustrar algunos eventos de impudicia.

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Una sola noticia alentadora se dio en diciembre de 2014, cuando Excelencia a la Justicia entregó a la judicatura de Manizales, el premio a la mejor práctica judicial del país, pues allí se reducía el tiempo de decisiones a la mitad del promedio nacional. Una sola golondrina haciendo verano. De contera, acaba de hundirse la última reforma a la justicia. Hay que hacer algo, porque un país sin justicia (morosidad inigualable) y con la corruptela de muchos magistrados y jueces (no todos, desde luego), está condenado a seguir padeciendo un lastre social. Y esa dolencia, aumenta el nivel de atrocidad de muchos que hacen justicia por su propia mano, a cambio de esperar tiempos inacabables. Horrendo lo uno como lo otro. ¿Hasta cuándo?

 

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