Julián García Hernández y su libro Antonio Saura: el muro de la vida

Autor: Óscar Jairo González
30 septiembre de 2018 - 03:43 PM

En el vigésimo aniversario de la muerte de Antonio Saura, este homenaje a su creación y vida.

Medellín

¿De la manera en qué te relacionaste con la vida y la obra de Antonio Saura, su inicial temblor e inquietud y como iniciaste la tarea?

En el año 2006, la galería barcelonesa Mayoral dedicaba una exposición monográfica a la obra de Antonio Saura. Habían pasado ya ocho años desde su fallecimiento. Circunstancialmente pasé la Galería y decidí entrar a verla. La sensación resultó fuerte. Una pintura cruda y directa, muy gestual pero muy vinculada a la vez a ideas muy premeditadas sobre temas y composiciones que me impresionaron mucho.

Interesado por conocer algo más acerca del autor de todas aquellas obras, pregunté aquel mismo día en una librería de Barcelona por alguna biografía suya. Aparecieron en el buscador del ordenador muchos catálogos y libros con sus propios escritos pero, en aquel momento nada parecido al libro que yo parecía estar interesado en leer. Sin darle mayor importancia, estando seguro de que tal libro biográfico debía existir, seguí buscando sin éxito.

Empecé a dar forma a la idea de escribir yo mismo el libro que quería leer para, casi como un juego de palabras, ser finalmente yo lector de mi propio libro.

 

¿De la historia de la vida de A. S., que le interesó más, de sus relaciones con la naturaleza y la guerra?

La vida del pintor Antonio Saura, como la de tantos niños nacidos en la España de los años treinta, quedó marcada por una infancia contemporánea a una cruel guerra civil. Si bien sus vivencias como niño podrían haber quedado inscritas en una acumulación de recuerdos mentales, las carencias de la posguerra quisieron además que cayese gravemente enfermo, hecho que condicionaría su vida. Su larga convalecencia en cama se convirtió en una ventana desde la que observar a través de libros y revistas un mundo del que la enfermedad le estaba impidiendo participar. Desarrolló así una gran capacidad de observación y de síntesis de la realidad. Pudo leer cuanto sus padres se preocupaban de hacer llegar hasta su habitación, libros de arte, de biología, de historia, revistas, etc. Precisamente sería una revista de propaganda nazi, la famosa Signal, la que a través de un artículo dedicado a lo que titularon “arte degenerado”, le proporcionaría la posibilidad de conocer la obra de un buen número de artistas de vanguardia. El  libro de los Ismos de Ramón Gómez de la Serna resultaría igualmente revelador abriéndole la puerta al conocimiento del universo onírico del movimiento surrealista que tanto le sedujo durante sus primeros años como pintor.

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¿De cómo el yo de A. S., provocó la decisión de intervenir con otros artistas y de cómo hizo para formar y constituir el grupo El paso?

Después de varias estancias intermitentes en el París de los primeros años cincuenta, integrado en las actividades del ya caduco movimiento surrealista, el regreso de Saura a España resulta tan frustrante como estimulante. Frustrado por un ambiente cultural poco propenso a la renovación, nuevamente Saura sabe reconvertir la adversidad hacia algo positivo. Decide junto a un grupo de artistas e intelectuales dar forma a un proyecto artístico común que les permita amplificar su tarea más allá de aventuras individuales. Durante los aproximadamente tres años que duró el proyecto del grupo El paso, el activismo cultural en forma de manifiestos, organización de conferencias, publicación de artículos y críticas sobre muestras así como la propia actividad artística del grupo, dejó un interesantísimo poso que resulta absolutamente ineludible al recorrer la historia reciente del arte español.

 

¿De qué se trató para A.S., con el movimiento surrealista en París, y donde se causó su ostensible fisura o disidencia o no con este movimiento?

El mundo onírico representado por los surrealistas franceses supuso en 1947 un sorprendente y feliz descubrimiento para Saura. Con toda seguridad, el contraste producido entre aquel arte y la vida cotidiana de un adolecente enfermo en la España de los años cuarenta supuso un factor de idealización, de evasión de un mundo gris hacia otro más abierto, creativo y sugerente. En cuanto su recuperación y su empeño se lo permitieron Saura viajó a París junto a su amigo José Ayllón con la intención de conocer a André Bretón e integrarse en las actividades del movimiento surrealista. No tardo mucho en caer en la cuenta de que aquellos surrealistas que tanto había anhelado conocer vivían anclados en su propio pasado, envueltos en sus propias tertulias historicistas y en cierta medida refractarios a las experimentaciones de toda una nueva generación de artistas. Desencanto que provocó finalmente el regreso de Antonio, ahora sí, con la idea en la cabeza de formar un grupo de jóvenes artistas que impulsase la renovación del panorama artístico español.

 

¿Desde qué dimensión y por qué consideró usted los ensayos (tratados) de A. S., y sus reflexiones sobre el arte y los artistas, qué interés desarrollaron en su tarea?

Los cuatro volúmenes que recopilan los escritos de Antonio Saura nos dan, entre otras cosas, la dimensión de la ocupación y preocupación que sintió siempre por todo lo relacionado con el arte y sus componentes diversos: museografía, museología, patrimonio arquitectónico, ensayos a propósito de exposiciones de colegas de profesión, semblanzas sobre admirados compañeros fallecidos, etc.

Saura estaba, por decirlo de forma resumida, atento a cuanto tenía que ver con el arte. Aproximarse pues a su vida es aproximarse a cuanto tenía que ver con el tiempo que le tocó vivir. Fue un pintor culto, muy culto, y este hecho indiscutible hace que reseguir su vida nos enriquezca de forma inexcusable.

 

¿Desde qué perspectiva y sentido, introduce o no en su libro, la tarea de ilustrador, esa inmensa tarea que realizó A. S.?

Empujado a ilustrar algunos de sus libros predilectos por su amigo el editor Hans Meinke, Saura siempre afirmó que, si bien para muchos pintores la ilustración podía considerarse un género menor, para él era una actividad tan importante como la propia pintura. La lectura, comprensión y síntesis de lo leído acostumbraba a acompañarse de una ilustración tan sintética y gráfica como certera completando un ejercicio que quien haya experimentado habrá descubierto que entraña una gran dificultad.

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¿Desde dónde considera usted que este libro Antonio Saura: El muro de la vida, es su catarsis de A.S. o no lo es, y por qué tituló así el libro?

El muro de la vida es un título que resume una existencia basada en la superación de las dificultades. Saura siempre recordaba un álbum de fotos que con ayuda de su padre construían en la casa de su infancia. Un álbum de recortes de revistas, periódicos o libros en los que la imagen tomaba el protagonismo para convertirse en suma en lo que el daba en llamar un Mural de la vida. Mi Muro de la vida, suma este concepto al de una vida no exenta de adversidades importantes. Las adversidades que Saura quiso incorporar de manera natural, con inteligencia, a su propia vida para convivir con ellas, con ese muro, sin intentar derribarlo o saltarlo pero sin sentirse tampoco invalidado por él.

¿Desde o en qué momento se sintió excedido, desbordado por su tarea, de hacer la construcción de la historia de la vida y obra de A. S.?

Reseguir la biografía de un pintor y escritor como Saura resulta en gran medida inabarcable. Esto hecho no se constata por una falta de información bibliográfica sobre él sino más bien, debido en gran medida a la intensidad de su actividad profesional. Viajero incansable, ensayista, ponente de cursos, escenógrafo, ilustrador y extraordinario pintor, su incansable curiosidad y mirada intencionada hacen que nada de lo que sucedía a su alrededor le resultase ajeno. Por tanto, asomarse a su vida es asomarse a todo lo que fue sustancialmente importante en la segunda mitad del siglo XX.

 

 

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