El poder patriarcal perdura

Autor: Ricardo Chica Avella
29 septiembre de 2018 - 09:01 PM

Los rezagos del patriarcalismo que ha logrado inhibir la importantísima contribución de la mujer a la sociedad en todos los terrenos, permanecen vigentes.

A pesar de muy importantes y variados avances en la causa feminista, respondiendo a una necesidad histórica de superar las asimetrías y el marginamiento que han caracterizado la condición de la mujer a todo lo largo de la historia, los rezagos del patriarcalismo que ha logrado inhibir la importantísima contribución de la mujer a la sociedad en todos los terrenos, permanecen vigentes no solamente en las sociedades asiáticas donde tienen un status subhumano. Me concentraré en dos ejemplos de estructuras de poder político y religioso más cercanos.

Lo que sucede en Washington, en donde un proceso de evaluación de un candidato a la Corte Suprema se ha convertido en una batalla política entre el partido de gobierno que propone el candidato, rechazando la necesidad de proceder en justicia (negándose a investigar las acusaciones de la víctima presente y de dos víctimas más), y los demócratas que insisten en que al menos las acusaciones sean investigadas por el FBI, es una muestra reluciente del patriarcalismo machista todavía enquistado en los poderes institucionales.

Lea también: Los intocables

El mensaje del Comité de Justicia del Senado para las víctimas de agresión sexual es pavoroso: Uds. no merecen ser tomadas en serio. La presentación de su caso por la Dra. Ford, moderada, respetuosa contrastó contundentemente con la agresividad y comportamiento desobligante a la Trump del candidato Kavanaugh. La forma atropellada como la mayoría republicana del Comité Judicial del Senado aceleró la aprobación de éste negando la obvia necesidad de dicha investigación refleja el desbalance en su composición: en el comité se sientan sólo tres mujeres (claro todas demócratas) entre 21 miembros. Al momento pareciera que la postura valerosa del Sen republicano J. Flake, cuya decencia ya había sido hecho patente en su crítica implacable a Trump, de dar una semana a esta investigación, podría ser adoptada.

Si los republicanos se salen con la suya, un personaje que evidentemente tuvo severos problemas de bebida en su juventud, que demostradamente se comportaba en forma agresiva e irrespetuosa de las mujeres en su círculo, llega a una posición de por vida que es la última instancia en los conflictos jurídicos en USA. Su talante quedó demostrado en su testimonio el cual fue más un discurso político agresivo en su defensividad ¡contra la supuesta conspiración izquierdista agenciada por los Clinton! que una respuesta substantiva a las acusaciones.

Pero en realidad lo que en este proceso de selección divide a los dos bandos y define sus posiciones contrapuestas es su posición sobre la sentencia de la corte conocida como Roe vs Wade, es decir sobre el aborto. Este fue el pronunciamiento de la corte en 1973 sobre el derecho al aborto, conocido por el seudónimo de una mujer que demandó la prohibición al aborto en Texas y el apellido del defensor de la norma por el distrito de Dallas. El fallo inicial establecía un marco trimestral (del cual lamentablemente carece la legislación colombiana como lo considere en IVE: mediando entre choice vs life), pero posteriormente estableció el límite en lo que se conoce como la viabilidad del feto (su capacidad de sobrevivir fuera de su madre).

Roe vs Wade ha sido repetidamente atacada por representantes apoyados por evangélicos y católicos, con consecuencias en el ámbito estatal (ej. nuevamente Texas) que no prohíben tajante y absolutamente el aborto sino que constituyen restricciones para su práctica. Y en términos prácticos la llegada de Kavanaugh a la Corte garantiza que Roe será revertido abriendo la puerta a procesos similares en otros estados.

Independientemente de cual sea la posición sobre el aborto, a menos de que uno adopte la posición católica y evangélica de que un cigoto tiene ya el carácter de un ser humano (lo cual es un absurdo desde el punto de vista científico) el derecho de una mujer para disponer de su cuerpo es un derecho inalienable, cuyos límites solo pueden ser determinados por lo que constituye la justificación de la intromisión del estado para proteger los otros derechos humanos adicionales a los de la mujer en juego, los del nonato, de lo cual se sigue que una vez se determina que se trata de un sujeto de derechos (¿1er trimestre? Ver discusión e IVE…) las restricciones están justificadas. El caso es que la llegada de Kavanaugh al puesto que determina la dirección las decisiones de la Corte dividida por partes iguales (4 y 4) entre conservadores y liberales, inclinará la balanza a favor de quienes niegan a la mujer ese derecho.

El otro poder institucional patriarcalizado hasta niveles aún peores es el eclesiástico en la iglesia católica manifiesto en extremos como Humanae vitae y el pronunciamiento de JPII en la carta Ordinatio Sacerdotalis dándole carácter de artículo de fe a la política, sin ningún fundamento ni teológico ni bíblico, de prohibir el acceso de la mujer al sacerdocio. Esta es una discusión muy compleja sobre la cual remito al lector interesado en el tema a http://www.wijngaardsinstitute.com/ del  Wijngaard Institute of Catholic Research. Baste con recordar las palabras del gran teólogo jesuita y obispo de Milán Msr. Martini antes de su muerte: la iglesia católica padece de un atraso histórico de dos siglos, para ilustrar lo cual está el contraste con las numerosas denominaciones protestantes que ordenan sacerdotes y entronizan como obispos a mujeres.

Cuando Francisco ascendió al papado señalé (Portafolio y Revista Javeriana) la tarea que enfrentaba de superar 4 brechas (o deudas) que la iglesia había creado a lo largo de su historia: con la modernidad incluido el pensamiento científico, con los pobres, con los pueblos ajenos a su etnocentrismo europeo y con la mujer. En RJ señalaba como HV era una muestra aterradora de las dos primeras y de esta última. HV es una confrontación con la ciencia moderna que muestra que la implantación del cigoto en el útero es un proceso de carácter estocástico, como también muestra un desdén aterrador por los problemas de los pobres y de la mujer (particularmente la mujer pobre). Con razón la comisión establecida por Paulo VI para estudiar el tema se pronunció a favor de los medios anticonceptivos, la posición racional y considerada de esos problemas que hubiera primado de no ser por la intervención de Msr Wojtyla influyendo sobre Paulo VI.

Vea además: Jesús y Francisco frente a los horrores del tribalismo

La mano de Msr Wojtyla ya JPII también se aprecia en la carta prohibiendo el acceso de la mujer al sacerdocio, en contraste con su gesto efectista pero claramente vacuo de pedir perdón a las mujeres por su tratamiento histórico por parte de la jerarquía católica. Habría muchos ejemplos de cerrazón del poder eclesiástico al estatuto que la mujer debería tener en la iglesia (ej. el conflicto entre The Leadership Conference of Women Religious (LCWR) y la congregación de la doctrina de la fe sobre éste).

¿Cuánto más pastoral seria poder atender a masas de poblaciones, a quienes el ministerio de la iglesia no alcanza a llegar por falta de sacerdotes, si la iglesia cediera sobre esta norma carente de fundamento alguno diferente a proteger el poder patriarcal que separa a los sacerdotes de laicos y mujeres? poder que determina también los casos de pedofilia y la complicidad de elementos de la jerarquía protegiendo criminales en ellos (¡recordemos la forma como JPII protegió al criminal Maciel y como desde su posición en dicha congregación Ratzinger prohibió so pena de excomunión hacer pública la información sobre las denuncias!). Pero la ceguera a los signos de los tiempos (como los avances en la posición de la mujer) de la cual padece parte de la jerarquía eclesiástica es tal que ni el escándalo de la pedofilia logró hacerla reflexionar sobre otra norma sin fundamento teológico o bíblico alguno, la que liga dos carismas diferentes constituyendo el del celibato en requisito para el del sacerdocio, la cual también limita severamente su capacidad de ministeriar enormes masas de creyentes.

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