El pertinente eco de la palabra de Sócrates

Autor: Gloria Inés Upegui Valencia
6 junio de 2020 - 12:06 AM

Sócrates fue condenado a muerte acusado de introducir nuevos dioses y de corromper a los jóvenes, cargos injustos tras los que se ocultaba el odio que le tenían algunos hombres influyentes de Atenas.

Medellín

“Se dio cuenta de que era más importante enseñar a los hombres a ser buenos que empezar a instruirlos…”1.

Librepensador por excelencia dio su vida sin chistar, defendiendo la verdad; que no era nada distinto a entender las diferencias entre el vicio y la virtud, la belleza y la fealdad moral, seguir la experiencia de los hombres de bien y practicar las leyes justas. Bajó la filosofía de la esfera celeste para presentarla al mundo terrenal: a ciudadanos y a gobernantes. Buscaba siempre lo mejor para los demás, no perjudicó a sus enemigos, mediante su ejemplo amonestó a los amigos que consideraba equivocados. Era un hombre feliz y satisfecho que inspiraba a los jóvenes para cambiar el mundo de los vicios de la época. Instauró la dialéctica y la ironía con lo que llevaba a su contradictor a tomar conclusiones coherentes, con base en la máxima “sólo sé que no sé nada”.

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Nunca escribió una palabra, su discurso fue recogido por seguidores como Platón, Jenofonte y otros que han transmitido su pensamiento vigente hasta hoy día. Repasemos algunos de los principios más inspiradores, que nos pueden mover a reflexionar sobre el torbellino en que hoy vivimos y que nos lleva al despeñadero. Que aunque las creamos viejas máximas son absolutamente actuales.

SABIDURÍA. Solo hay un bien, el conocimiento y solo hay un mal, la ignorancia. La sabiduría es la salud del alma, el vicio es su fealdad. El sabio no fantasea con las cosas de las que sabe que es ignorante. Dejemos que el hombre se estudie y conozca a sí mismo, lo primero que aprenderá es que no sabe nada.

POLÍTICA, SOCIEDAD. Riqueza y orgullo que derivan del apellido son la principal fuente de males. Es absurdo pensar que quien conoce el bien actúe mal. El carácter atroz de la ingratitud es proporcional a la importancia del regalo o del servicio prestado. La paz es la posesión más grande. Los auténticos soberanos son aquellos que no han llegado al trono por el nacimiento, el azar, la fuerza o el consentimiento de un grupo, sino los que saben mandar. La ley no se escribió para los hombres buenos. Debemos vivir allí donde se obedezcan las leyes.

VIRTUD. Nada es más útil y dulce que el ejercicio de la virtud. Justicia y felicidad son la misma cosa. La belleza del cuerpo refleja la del alma. Al virtuoso nada le preocupa porque no tiene ninguna falta que reprocharse. La virtud es una e indivisible. La bondad de un hombre no tiene nada que ver con la riqueza, la cuna o sus títulos, sino con lo que consigue con sus propias manos.

FAMILIA. Debemos a nuestros padres la más importante de nuestras posesiones: la vida. Tenemos que ser tan obedientes ante un padre severo como ante una ley exigente. ¿Qué se puede esperar de un hombre que fracasa en agradecer y respetar a las personas a las que debe la vida?

VIDA, RIQUEZA. La posesión y la riqueza son para un hombre razonable como montar un caballo de fuego sin bridas. La riqueza de un avaro se parece a la luz del sol: una vez que se ha puesto no ilumina a nadie. Avara es la persona que amasa una fortuna y no quiere saber nada de sus amigos más pobres. La arrogancia consiste en hablar siempre y no escuchar nunca. Ser prudente en tiempo de abundancia se parece mucho a caminar sobre hielo.

AMISTAD. No existe un fondo que tenga tanto valor como un amigo sincero y virtuoso. La verdadera amistad no es posible entre hombres malvados, o entre un malvado y un buen hombre. El viento propaga el fuego y el trato humano propaga el amor. Nada en exceso: es el mejor consejo para un hombre joven.

DOLOR, MUERTE, DIVINIDAD. Es aconsejable familiarizarnos con el dolor, para que cuando lo experimentemos sea como reconocer a un viejo pariente. Debemos afrontar la muerte sin temor: o es un viaje o es un prolongado letargo. Si no queda nada de nosotros después de la muerte, todavía es más absurdo tenerle miedo. Es preferible morir con honor que vivir con deshonra. No hay que descuidar la salud del cuerpo, la salud del alma depende por completo de ella. Cuanto más templados están nuestros ánimos, más nos acercamos al estado divino, pues los dioses no necesitan nada.

PRUDENCIA. La persona que sabe cómo gobernar una casa sacará provecho incluso de sus enemigos. Debemos estar en guardia contra la apatía, la pereza y la negligencia, evitar el lujo, considerar la educación el encargo más importante. Existen actividades tan innobles que conviene no probarlas, pues el menor contacto con ellas sirve para degradar el alma.

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Sócrates fue condenado a muerte acusado de introducir nuevos dioses y de corromper a los jóvenes, cargos injustos tras los que se ocultaba el odio que le tenían algunos hombres influyentes de Atenas. Pero tampoco en aquel difícil trance perdió la oportunidad de ironizar: como Jantipa, su mujer, lloraba lamentándose de que lo fueran a matar injustamente, Sócrates le preguntó: ¿Es que acaso preferirías que me mataran con justicia? Lo cierto es que estableció la mayéutica que consiste en el cuestionamiento al interlocutor en búsqueda de la verdad y el conocimiento, y la dialéctica donde basado en una proposición analizaba las preguntas y respuestas que se generan en dicho planteamiento. Hasta el momento en que bebió el vaso de cicuta, llevó a la práctica de vida estos pensamientos en busca de sus propias verdades. Es el momento de buscar las nuestras en la convicción de que no sabemos nada.

  1. Extractos de: Breve antología de la Enciclopedia de Diderot y D’Alembert (Compilación de Gonzalo Torné, ed. Debate, X-2017)

 

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