Bravo por los funcionarios honestos

Autor: José María Dávila Román
17 julio de 2020 - 12:00 AM

Cuando se habla de corrupción, las primeras imágenes que se vienen a la cabeza son las de los políticos y los servidores públicos; es normal, no hay muchos referentes que ayuden a cambiar ese imaginario.

 

 

 

Medellín

En su última columna, Daniel Coronell reveló cómo el actual senador por el Partido de La U, Eduardo Pulgar, intentó sobornar al entonces juez del municipio de Usiacurí, Atlántico, Andrés Rodríguez Cáez, para favorecer en un proceso al grupo político que lo apoyaba. El caso se volvió noticia nacional por la publicación del columnista, donde con prueba en mano (ver columna) deja en evidencia las prácticas corruptas del senador; y su vez deja muy bien parado al otrora juez, por rechazar con contundencia el soborno. Le dejó claro a Pulgar que él no se prestaba para ese tipo de negocios.

En un país como Colombia donde hay escándalos por doquier en materia de corrupción y donde la percepción ciudadana dice que somos mayoritariamente corruptos de acuerdo con el último Informe de Percepción de Corrupción de Transparencia Internacional, en el que de 100 puntos -este puntaje equivale a ausencia de corrupción y cero significa total corrupción- Colombia sacó 37, indicando que la corrupción hace parte de nuestra cultura y se ha vuelto normal; se hace exótico encontrar funcionarios que actúen como manda el manual: con ética, rectitud y moral como el exjuez Rodríguez.

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Cuando se habla de corrupción, las primeras imágenes que se vienen a la cabeza son las de los políticos y los servidores públicos; es normal, no hay muchos referentes que ayuden a cambiar ese imaginario: compras de votos, desfalcos del erario para enriquecimiento ilícito y personal, sobre costos a las contrataciones para “sacar tajada”, son el pan de cada día en la opinión pública nacional; pero, la corrupción también se genera desde las esferas más íntimas; quiero extender la invitación a que seamos cada vez más conscientes de nuestros actos y poner de nuestra parte para cambiar esa cultura, dando ejemplo desde situaciones simples y cotidianas.

Debemos dejar de “hacernos los vivos” y colarnos  en una fila; dejar de sobornar al agente de tránsito o policía para que no nos infraccione por un error que cometimos; hay que pagar oportunamente los impuestos y dejar de pensar en no pagar por no “regalarle plata al gobierno”; hay que cambiar también ese lenguaje popular marcado por frases como  “el vivo vive del bobo”; “hay que tener malicia indígena”; “papaya puesta, papaya partida”; y la famosa y antioqueña “mijo, consiga la plata honradamente y si no puede, consígala”. No podemos seguir pensando en obtener el beneficio propio sin pensar en cómo impacta a los demás y a costa de lo que sea. Esa es la raíz, a mi modo de ver, del eterno problema. El fin, contradiciendo a Maquiavelo, no puede justificar los medios.

El tema tiene tanto de largo como de ancho, es un problema estructural pero siempre está bien insistir por cambiar estas prácticas que nos hacen tanto daño y nos flagelan; siento la responsabilidad de aportar desde esta tribuna para ayudar a modificar esas creencias y malas prácticas. No podemos normalizar la corrupción ni calificar a un gobernante de bueno porque “roba, pero hace”, tampoco querer aspirar a un cargo de esa envergadura para “saber trabajar” o “aprovechar el cuartico de hora”; también hay que sacar de la mente que todo gobernante debe recibir un 10% sobre todo contrato que ejecute, eso no es cierto y si se hace, es corrupción. Yo creo que se pueden hacer las cosas bien, siendo transparentes e intachables. Se pueden dejar buenas obras y legados sin necesidad de robar.

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Tengamos comportamientos ejemplares, hagamos siempre lo que consideremos correcto así se venga el mundo encima, como le sucedió al exjuez Rodríguez, con ese acto tan “normal” dignifica el trabajo público, hace que se crean en las instituciones y en funcionarios como él. Nos anima a transformar positivamente a la sociedad a pesar de los tropiezos, a pesar de los Pulgar. Necesitamos más Rodríguez en Colombia y hacerlos visibles, ese tipo de liderazgos y ejemplos son los que requiere este país.  

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