Editorial

Debate amplio y plural para la Tributaria
21 de Octubre de 2016


A los congresistas les compete debatir el proyecto de cara al pa韘, y no en encuentros apresurados como los que llevaron a aprobar el Presupuesto 2017.

Con el Presupuesto de la Nación para el año 2017 en sus manos y el proceso de renegociación con las Farc en vilo, el gobierno Santos radicó en el Congreso el tercer proyecto de Reforma Tributaria de su mandato. Termina la espera de una decisión que se sabía inevitable desde el año pasado y que se preveía más temprana con la conformación, el 11 de febrero pasado, de la comisión de nueve expertos que tenía el mandato de buscar cambios estructurales en el recaudo, adecuar la estructura fiscal a los procesos de integración a la Alianza del Pacífico y la Ocde, además de corregir el equivocado “impuesto a la riqueza” que pesó como injusto castigo contra los generadores de empleo y prosperidad. 


Al Congreso le esperan, apenas, dos meses de sesiones antes del receso de fin de año. Significa que el doctor Cárdenas Santamaría llegó tarde con un proyecto esperado por los inversionistas, que venían reclamando reglas de juego acordes con la caída de las divisas para tomar decisiones, así como por las calificadoras internacionales de riesgo, que apenas se han contenido para castigar al país reduciendo su ranking, y aumentando el costo de su deuda. Por la demora en decidir el contenido del proyecto, ¡que tiene 197 páginas!, la campaña electoral que asoma y la progresiva pérdida de confianza en el Gobierno y su gestión económica, el ministro llegó pujando como si pretendiera convertir este proyecto de reforma en piloto temprano del hoy inexistente “proceso legislativo especial” (también llamado Fast Track) que Gobierno, Farc y Congreso pretendieron imponer en el Acto legislativo 1 de 2016, sin vigencia  por decisión del constituyente primario.


Desde la fijación de objetivos para la Comisión Legislativa Especial hasta la espera del presupuesto de la Nación, aprobado en $224,4 billones, con aumento en cifra cercana a la inflación esperada (6,6%) frente al vigente, el Gobierno ha eludido dar las discusiones que proponen economistas como el profesor Luis Guillermo Vélez Álvarez, sobre la utilidad del gasto, la eficiencia de sus operaciones y la transparencia en la gestión de recaudo y destinación presupuestal. Y, por el contrario, ha aceptado ideas para extender, casi al infinito, aparatos estatistas. La apertura a la revisión de las estructuras burocráticas, para minimizar duplicidades y aumentar impactos, así como el análisis de las venas rotas del presupuesto ayudan a la construcción de confianza de los agentes económicos. Por otro lado, procesos de formalización, como los que se proponen con el monotributo, acompañados de controles firmes a actividades evasoras como la minería criminal y el contrabando, o costosas, como la corrupción, se convertirían en demostración de interés de las instituciones centrales por realizar esfuerzos hacia la disciplina fiscal. En esta ocasión, de nuevo, el país se ha quedado esperando.


Ha recibido, pues, el Congreso un proyecto de ley cuyas generalidades (visibles en: https://goo.gl/qXeqjW9) no parecen asustar a los agentes económicos, que empiezan a aproximarse al estudio y comprensión de un documento extenso, técnico y lleno de detalles -donde está el diablo-. En tanto personeros de los colombianos, a los congresistas les compete debatir el proyecto de cara al país, y no en encuentros apresurados como los que llevaron a aprobar el Presupuesto 2017. En ese sentido, se espera que de tantos como los que sean necesarios para entender y consolidar un proyecto de Reforma Tributaria no estructural, pues deja intocados elementos perturbadores, pero apta para introducir algunos cambios importantes en el modelo tributario. 


En una primera aproximación es notable que el proyecto de pasos para convertir la tributación en acto de compromiso ciudadano tan importante como estar identificado, participar en la democracia y votar. Entonces, el monotributo y la disminución del nivel de ingresos para hacerse declarante propician que se amplíe la población potencialmente contribuyente, o sea solidaria con el bien común. Por otra parte, los impuestos a los mayores ingresos individuales, en particular los obtenidos por dividendos, construyen equidad, y los tributos al gasto ambiental o consumos peligrosos para la salud, pueden ayudar a la formación de ciudadanos responsables con sí y su entorno. Como el conocimiento y comprensión de la reforma y sus múltiples aristas apenas inicia, abrimos nuestras páginas al análisis y la discusión del trámite y las decisiones que deberá tomar el Congreso, en el plazo que necesite para aprobar una buena reforma.