Editorial

Carne y glifosato
31 de Octubre de 2015


Que de la misma manera en que la alerta sobre carnes debe suscitar un consumo moderado, la alerta sobre el glifosato suscite un uso racional.

En abril de 2014, se reunieron en Lyon, Francia, 21 científicos y entregaron a la Agencia internacional de investigación sobre cáncer, órgano de la OMS, una lista de elementos químicos con sospechas como agentes carcinógenos. La Iarc (por sus siglas en inglés) ha venido realizando pruebas científicas para clasificar las sustancias según su amenaza (grupo 1- carcinógenos para humanos, grupo 2A - probablemente carcinógenos para humanos, grupo 2B - posiblemente carcinógenos para los humanos, grupo 3 - no clasificables por su propiedad carcinógena para humanos y grupo 4 - probablemente no carcinógenos) y divulgar a la comunidad mundial los resultados de sus estudios, así como generar las alertas para que en su autonomía cada Estado tome las decisiones de prevención y restricción de uso. Como fruto de ese trabajo se han publicado, con gran interés y despliegue en medios de comunicación, algunas de las clasificaciones, como para pesticidas y herbicidas (entre ellos el glifosato), así como la conocida más recientemente sobre carnes procesadas y carnes rojas (ver listado completo en http://monographs.iarc.fr/ENG/Classification/latest_classif.php).


En informe publicado el pasado marzo, se revelaron hallazgos sobre cuatro pesticidas y el herbicida glifosato.  Este último, de especial relevancia en Colombia, recibió la clasificación de riesgo 2A; es decir, el grupo de “agentes probablemente carcinógenos” por cuanto “existe una evidencia limitada” del riesgo que representan. Ese documento sustentó la presión que la Comisión Asesora de Drogas y el Ministerio de Salud, hoy liderados por los antiguos co-investigadores Daniel Mejía y Alejandro Gaviria, hizo al Consejo de Estupefacientes para que ordenara suspender las fumigaciones aéreas de cultivos ilícitos realizadas con glifosato. El ministro de Salud adujo entonces que se actuaba con responsabilidad y atendiendo el principio de precaución de la Corte Constitucional. Aclaró, además, que “desconocer la evidencia sobre el glifosato sería antiético”. En sesión del 14 de mayo, el Consejo de Estupefacientes atendió las recomendaciones de eliminar la fase de fumigación aérea en la lucha contra los cultivos ilícitos.  Los efectos perversos de esta decisión se pueden estimar si se considera que ya en 2014, un año en que se redujo ostensiblemente la fumigación, los cultivos ilícitos incrementaron un 44% con respecto al 2013, según informe de la Unodc, lo que representa proporcionales aumentos en los ingresos de los grupos al margen de la ley.


En la semana que culmina, la Iarc divulgó su informe sobre riesgos de adquirir cáncer por el consumo de carnes rojas y carnes procesadas. Las primeras, que son las de res, cerdo, ternera, entre las más consumidas en Colombia, fueron clasificadas en el grupo 2A, aquel en el que fue incluido el glifosato, mientras que los embutidos y carnes frías fueron clasificados en el grupo 1, mismo en el que están otros elementos como la nicotina y el asbesto. Aunque el riesgo es variable, en ambas situaciones con las carnes sí se teme que una parte de la población que consume en exceso estos productos pudiera adquirir cáncer colorrectal. En tanto toca a todas las personas no vegetarianas, el informe despertó tal alarma que la OMS debió explicar, como no lo hizo o no tuvo que hacerlo para el caso del glifosato, que se trata de un riesgo del que no hay que cuidarse de manera radical o absoluta, y la comunidad médica entró a explicar las prácticas razonables para reducir la amenaza sin arriesgar el balance nutricional de la población. Ante la alarma internacional y mediática, el Ministerio de Salud, a través del viceministro Fernando Ruiz Gómez, respondió que “el riesgo de padecer cáncer por el consumo de ambos productos es bajo”, aunque reconoció que uno de cada 18.000 colombianos está expuesto a padecer cáncer colorrectal, y que según el estudio de la OMS, quienes consumen un promedio de 50 gramos de carnes frías al día, tienen un 18% más de riesgo de desarrollar dicho cáncer.


Las instituciones del Estado y los órdenes jurídicos que garantizan el equilibrio de la sociedad se fundamentan en principios como el que el filósofo Perelman denominó “Regla de justicia” y que consiste en que “seres y situaciones esencialmente semejantes, deben ser tratados de modo semejante”. Entonces, si desconocer la evidencia sobre el glifosato es antiético ¿qué debe hacerse ante estas nuevas evidencias? Esa regla universal ha sido desconocida por el Ministerio de Salud con sus desiguales posiciones frente al consumo de carnes rojas y procesadas, una actividad mucho más cotidiana que el uso del herbicida para combatir la peste de los cultivos ilegales en grandes extensiones. Demandamos pues, que no se manipulen los hallazgos científicos como herramientas políticas y que de la misma manera en que la alerta sobre carnes debe suscitar un consumo moderado, la alerta sobre el glifosato suscite un uso racional, cuando sea necesario y con las debidas precauciones para aminorar el impacto, no sólo en humanos sino en el resto de la vegetación.