Columnistas


¿Fue Francisco José de Caldas otro libertador?
Autor: Dario Valencia Restrepo
7 de Septiembre de 2014


“Caldas fue el único en la Nueva Granada que pudo escalar volcanes con Humboldt, buscar plantas con Bonpland, copiar cuadernos de los europeos, auscultar el conocimiento de ellos y solicitarles una opinión sobre sus propias actividades científicas.

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“Caldas fue el único en la Nueva Granada que pudo escalar volcanes con Humboldt, buscar plantas con Bonpland, copiar cuadernos de los europeos, auscultar el conocimiento de ellos y solicitarles una opinión sobre sus propias actividades científicas. Y fue también el único en recibir un elogio escrito por parte de Humboldt.”


Así se expresa John Wilton Appel en su bello y esclarecedor libro “Francisco José de Caldas – A Scientist at Work in Nueva Granada”, el cual hace parte de los documentos de la Sociedad Filosófica de los Estados Unidos. Una publicación de 1994, poco difundida entre nosotros, que puede consultarse en su integridad en los libros de Google (ver http://tinyurl.com/mu5k2m5).


Y el elogio de Alexander von Humboldt no puede ser más diciente: “Evidentemente, Caldas es una maravilla en astronomía. Desde hace años trabaja aquí en la oscuridad de una ciudad remota. Él mismo ha arreglado sus instrumentos para las medidas y las observaciones: ora traza meridianos, ora mide latitudes. ¡Cuánto podría lograr semejante hombre en un país donde se le proporcionara más apoyo!”


Todavía hoy sorprende la visión de conjunto que Caldas tiene sobre la naturaleza y sus pobladores. Le interesan el territorio y la altura de las montañas, el clima y la meteorología, la distribución de las plantas y los animales, las gentes y sus costumbres, los mapas y las coordenadas geográficas de los lugares.


Humboldt es considerado el fundador de la fitogeografía, o geografía de las plantas, pero Caldas antes de su encuentro con el prusiano fue una especie de precursor pues ya se ocupaba de la distribución de las plantas según la altitud, las hoy llamadas zonas de vida en la ecología. Y también es precursor del periodismo científico entre nosotros por su primera publicación en el Correo Curioso (1801) y las muchas en el Semanario del Nuevo Reino de Granada (1808-1810).


Caldas se consideraba un ingeniero y así lo confirman varios nombramientos y responsabilidades que autoridades gubernamentales le confirieron a lo largo de su vida, pero sus únicos estudios superiores lo fueron en el campo de la jurisprudencia. Se trataba de un admirable autodidacta.


Sin conocer ningún antecedente, Caldas descubrió por sus propios medios un método para medir la altura de montañas mediante el punto de ebullición del agua, ya que éste disminuye cuando aumenta dicha altura debido a la correspondiente disminución de la presión atmosférica. Este fenómeno hipsométrico ya había sido descrito por Fahrenheit (1724) y DeLuc (1772).


Bolívar y Caldas tuvieron finales desoladores después de vivir casi los mismos años: Bolívar, con la amargura de “haber arado en el mar”; y Caldas, fusilado por la espalda en razón de su traición a la Corona. Ambos fueron criollos que se encontraron con un medio nada favorable: Bolívar regresa de Europa a Venezuela en 1806, imbuido de los vientos de cambio que soplan en Europa, y casi no encuentra interlocutor, como lo cuenta John Lynch en una importante biografía; y Caldas, se queja de no tener maestros ni orientadores y de carecer de libros; Bolívar luchó por liberarnos de las cadenas despóticas del colonialismo; y Caldas luchó por liberarnos de otras cadenas no menos opresoras, las cadenas de la ignorancia.


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Guillermo Gaviria Echeverri. El director emérito de EL MUNDO poseía una gran cultura, tal vez eclipsada por sus destacadas actividades en los campos de la política, la industria y el periodismo. En alguna ocasión, recibí una comunicación suya en la que indagaba por un aspecto de la teoría de la relatividad, nada trivial y cuya dilucidación requirió las luces de un especialista. En otra oportunidad me invitó a una reunión para que habláramos de su interesante libro “La cosmología de Dante” (ver el texto completo en http://tinyurl.com/muqbxwh). Y más adelante, me propuso que discutiéramos una tesis de John Kenneth Galbraith según la cual los técnicos con frecuencia se apropian del manejo de empresas, en detrimento de sus propios dueños. Siempre llevó con orgullo su título de ingeniero y profesó un ilimitado amor por su alma máter, la Escuela de Minas. Paz en su tumba y solidaridad con su distinguida familia en este momento de dolor y prueba.