Columnistas

Capitanes de nuestro propio destino
Autor: Alvaro T. L髉ez
2 de Junio de 2015


Es evidente el estado de abandono de algunas regiones del pa韘, a ciencia y paciencia de la dirigencia nacional.

Cuando en la Guajira escasea el agua, cuando los niños mueren de hambre y de ausencia de autoridades sanitarias, ni la Presidencia, ni Bienestar Familiar, ni la Defensoría del Pueblo, ni la inquisidora Procuraduría, ni los senadores, ni nadie hace nada. De repente, y la estridencia con que lo hace sorprende, aparece el muchachito Galán imponiendo normas para seleccionarle gobernantes a la lejana Guajira. Los recuerdos de los ochenta regresan, trayéndonos la tragedia de Rodrigo Lara, señalado y abandonado hasta la muerte. Treinta años, su muerte sigue en la impunidad de los crímenes que a nadie importa aclarar.


Pero tampoco ha sido aclarado lo de su presunta mala conducta, y a su nombre se le puso el sambenito de la duda. Surgen los nuevos catones, herederos de otros catones que señalan, que solo tienen la misión vital de acabar con las honras ajenas. En el caso de los llamados avales políticos para aspirar a administrar las regiones y sus ciudades, la culpa es nuestra porque hemos permitido que desde Bogotá, gente que ni siquiera las conoce, sea quienes deciden sobre nuestro propio destino. De tal forma que de nada vale el decir de la militancia local. Esto garantiza un centralismo despótico y arbitrario que no ayuda pero oprime a las regiones, que interfiere los procesos soberanos a los que tiene derecho cada pueblo, cuando de elegir sus gobernantes se trata. 


El partido Conservador de Antioquia, ha cambiado mucho, pero para bien o para mal, ha dado muestra de independencia y consonancia con la militancia regional. Manipulada o no, la convención departamental eligió una candidata, que si bien solo la conocen en algún directorio bellanita, casa le dicen ahora, ganó a voto limpio, como deben hacerse las selecciones de los candidatos, a no ser que se respalden por otra forma muy local, que es la recolección de firmas para respaldar una candidatura. Estas dos modalidades permiten que quienes vamos a ser gobernados, señalemos cómo y por quien queremos serlo. No se trata de la pose de ningún peladito que se cree con derechos divinos, sino de la expresión libre y soberana de la población que es el más importante elemento del Estado.


Estos principitos sin prosapia, deberían primero entender las razones que tienen los habitantes de las regiones para elegir como eligen, pues quien no  conoce ni entiende a su propio pueblo, no tiene por qué dirigir su destino. No podemos seguir dejando que desde la capital del país, una dirigencia que solo viene a recoger cosechas ajenas, nos diga quienes deben ser nuestros candidatos a la alcaldía de Medellín, ni a ninguna otra ciudad. No somos una sociedad que necesite tutores y menos tutores que no tienen más méritos que los de tener seudomártires muy productivos en la familia. Tampoco es de aceptar la tutoría de personajes con oscuros antecedentes que, de repente, se autoproclaman con derechos a intervenirnos. Nosotros podemos decidir solos.