Columnistas

Cambalache
Autor: Rodrigo Pareja
6 de Diciembre de 2012


Pareciera que en 1935 el genial y profético Enrique Santos Discépolo hubiera visualizado la Colombia de esta época contemporánea

Pareciera que en  1935 el genial y profético Enrique Santos Discépolo hubiera visualizado la Colombia de esta época contemporánea, pues no de otra manera se explica ese inmenso tratado de la mísera condición  humana que bautizó con el poco romántico título de Cambalache.


Compendio de malos procederes que el país aplica en todos los campos con total rigurosidad, según se desprende de los desdorosos comportamientos de sus principales dirigentes, sean éstos del sector privado, del común o de la clase política, principalmente.


Aquello de que “el mundo fue y será una porquería”, llamativo prefacio para la exacta descripción que consignaría a continuación el filósofo del tango, tiene cabal aplicación a lo ocurrido en el senado cuando se montó el guiñol  para la reelección del Procurador Alejandro Ordoñez.


Presenciar cómo un crecido número de senadores admitían tener impedimentos que fueron negados olímpicamente por sus otros colegas como si nada pasara ni esto tuviera importancia, constituyó un escenario adecuado para decirles con el inmortal Discépolo, “vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseaos”.


Recordar que muchos de los que votaron por Ordoñez son al mismo tiempo investigados por él, vale para cantar con el autor argentino estos otros versos: “si uno vive en la impostura/ y otro roba en su ambición/ da lo mismo que si es cura/ colchonero, rey de bastos/ cara dura o polizón”, aunque esta última palabra muy bien podría cambiarse por Senador.


El tinglado que se hizo para una reelección a todas luces viciada sirvió también para establecer una nueva teoría en materia de números, y es la de que dos es igual a tres, defendida con ardentía por el médico, constitucionalista y ahora matemático Roy Barreras, quien como aquellos que alegan defensa propia, litigó a favor de su esposa, una de las nombradas con altísimo sueldo por el procurador reelegido.


Siete años antes de su inmortal Cambalache, ya Enrique Santos Discépolo había hecho un avance del certero pronóstico que consignaría a mediados de los 30 con su inmortal creación, cuando escribió en su tango Que vachaché, que “la honradez la venden al contado y a la moral la dan por moneditas”.


Después de la trapisonda reeleccionista, para mayor tristeza auspiciada por el partido liberal que dizque tiene posiciones modernas y de avanzada pero dirigentes en pañales que todavía no saben leer, se vinieron las consabidas demandas que, en este caso, resultarán un canto a la bandera porque serán los mismos beneficiados con esta reelección los encargados de fallarlas.


A todos aquellos que desde distintas tribunas libres y no comprometidas alzaron su voz para oponerse a la reelección del Procurador, podría cantárseles con Discépolo, quien se adelantó muchos años a la vergonzosa situación, que hoy “no hay ninguna verdad que se resista/ frente a dos pesos moneda nacional/ vos parecés haciendo el moralista/ un disfrazao sin carnaval”.


 Vale recordar  también a otro insigne letrista del género, Homero Expósito, quien consignó en una de sus mejores creaciones algo que también es válido para la farsa reeleccionista del senado, cuando dijo comprender que  “en la vida se cuidan los zapatos andando de rodillas”.


El tango, ese género inmortal que le canta y describe de la mejor manera cuanta situación o circunstancia le sea posible vivir al ser humano, se adelantó en muchísimos años con el numen  de dos de sus más celebrados poetas, al apestoso y corrupto escenario en el que se mueven y actúan la mayoría de políticos colombianos.


Por eso es acertado para finalizar estas líneas, repetir con Discépolo los últimos versos de Qué vachaché: “Si hoy ya murió el criterio/ vale Jesús lo mismo que un ladrón”.  Juzguen ustedes lectores y saquen sus propias conclusiones.